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domingo, 23 de diciembre de 2012

Rimmon Sefarad


Rimmon Sefarad, que significaría “Granada de España”, es el nombre con el que el pueblo judío conocía a la ciudad en la que se asentaron en los primeros siglos de nuestra era. El vocablo hebreo rimmon, al igual que el árabe rumman, hace referencia a la fruta del granado.  Esto da pie a pensar en un posible origen judío del  nombre de nuestra ciudad, extremo en el que los historiadores aun no se han puesto de acuerdo como ya vimos. El de los sefardíes fue un pueblo que en Granada gozó de posiciones privilegiadas en ocasiones y sufrió persecución y muerte en otras además de, a diferencia de ciudades como Córdoba o Toledo, la condena al olvido absoluto de su paso por una ciudad que, no por nada,  el historiador árabe Ahmad al-Razi llamó en el siglo X “Granada de los judíos”. Vamos a dar ahora un paseo por la historia de este pueblo y por Granada tras las huellas difusas de su judería.


Se cree que la llegada de los primeros judíos a la Bética se produjo en el siglo II a.C, aunque los datos ciertos más antiguos que conservamos de su presencia los dan las actas del Concilio de Elvira en el siglo IV. Varios de los cánones aprobados entonces se refieren a la relación entre cristianos y judíos, promulgando la separación entre ambas religiones. Pocas noticias se tienen de ellos hasta la invasión  musulmana en el año 711. Es asunto de controversia la presunta ayuda prestada por los judíos a los árabes, que ellos consideraban libertadores de la represión religiosa de los últimos años de gobierno de los visigodos. Por entonces Granada, la vieja Florentia Iliberritana romana era un pequeño asentamiento, en el que la población judía era mayoritaria, y Elvira la ciudad principal. Pero ¿a qué se debe la importancia de esta comunidad?, ¿pudieron trasladarse los judíos a diez kilómetros de la capital para garantizar la efectiva separación entre religiones que promulgaran los conciliares cuatro siglos antes? Lo cierto es que los conquistadores árabes  la tuvieron por una ciudad judía, de ahí que se la llamaran Garnata-al-Yahud, “Granada de los judíos”. Durante el Califato se convertirá en una de  las principales comunidades judías de Al-Andalus, dedicados a la artesanía y el comercio. Destacaron también en las artes y las ciencias o en la política, sobretodo en el siglo XI durante el gobierno de la dinastía Zirí, con Samuel Ibn Nagrella como visir real. En 1066 son asesinados cerca de 4000 judíos, entre ellos el visir José Nagrella, hijo de Samuel, acusados de conspirar contra el rey. La llegada de los almorávides en 1090 mejora momentáneamente su situación pero en 1147 estos son derrotados por los almohades que perseguirán duramente a la comunidad de Granada. La situación mejora con el ascenso al poder los nazaríes, con cuya protección prospera y crece de nuevo, desempeñando cargos de responsabilidad en la corte. El fin de dicho reino coincidirá con el de la estancia de los judíos en España. El 31 de marzo de 1492, los Reyes Católicos ordenaban su expulsión definitiva de sus reinos. El edicto, conocido como “Decreto de la Alhambra” se firmó paradójicamente en la “ciudad de los judíos”.

Expulsión de los judíos, Emilio Sala Francés (1889) 
Hisn ar-rumman, “el castillo del Granado”, fue la fortaleza militar que sobre la margen derecha del rio Darro edificaron los musulmanes sobre los  restos arquitectónicos de Florentia Iliberritana. Al otro lado del rio se extendía el barrio judío, un asentamiento en altura para facilitar su defensa, situado sobre la colina del Mauror. Desde la cima de esta se distribuían las viviendas de una sola planta abarcando desde el barranco de la Sabika o Cuesta de los Gomérez hasta la Antequeruela, con el paso del tiempo iría ampliándose a la vez que la ciudad en dirección a las orillas del rio. Para la vigilancia y control de tan poblada zona, se edificó a finales del siglo VIII el Hisn Maurur o Torres Bermejas. La situación exacta de su sinagoga es otra incógnita, existiendo hasta tres hipotéticos emplazamientos. Uno sería la actual iglesia de San Cecilio, en el extremo Sur del barrio. La iglesia de San Matías o la antigua Capitanía General son otros de los emplazamientos que se han sugerido. Pero ningún rastro queda de ella como del resto de la judería salvo el único aljibe que existe en el Mauror, el de Rodrigo del Campo. Los Reyes Católicos mandaron demolerla por completo perdiéndose toda huella de su existencia. Este hecho unido a las contradicciones existentes entre las fuentes, por ejemplo el viajero alemán Jerónimo Munzen la sitúa en los terrenos en los que se construyó el Hospital Real al otro lado de la medina granadina, hace que sepamos muy poco de nuestra judería.
Iglesia de San Cecilio, Granada
Pasear por las callejas de las zonas altas del Realejo y el Mauror desde la Cuesta de Rodrigo del Campo, siguiendo por Paredón de Jesús de las Penas y la calle Aire Alta hasta Torres Bermejas, o continuar hasta San Cecilio por Plegadero Alto nos ofrece una visión desconocida y diferente de uno de los barrios más antiguos, si no el que más, de Granada.


Para saber más: recomendamos los libros “Garnata al-yahud, (Granada en la historia del judaísmo español)” de David Gonzalo Maeso y “La Granada judía: (Granada en la época de Semu'el Ibn Nagrela)” de María José Cano, que han servido de bibliografía para la realización de esta entrada.

miércoles, 31 de octubre de 2012

El Camposanto de Granada

“Parbus et magnus hic sunt”
“El pequeño y el grande aquí están”
Desde la Antigüedad, el hombre ha rendido culto a los muertos variando ritos y formas según las culturas. En la Granada musulmana, raudas y almacabras se situaban en lugares apartados como la del Albayzín, al pie del cerro del Azeytuno, o extramuros como la que existió ante la Puerta de Elvira, de grandes dimensiones. Caso aparte era la ruada real, en el interior de la ciudad palatina de la Alhambra, reservada a los soberanos granadinos. Ya en Época Moderna, los enterramientos se realizaban dentro de las propias iglesias o en sus alrededores con la esperanza de obtener la salvación del alma, lo que ocasionaba no pocos problemas higiénicos. 


Sera en 1787 cuando, por Real Cédula de Carlos III, se mande situar los cementerios en lugar apartado y bien ventilado. Las reticencias religiosas harán que no se lleve a efecto hasta ya entrado el siglo  XIX. En Granada, la epidemia de fiebre amarilla de 1804 hace que Tomás de Morla, comisionado de su Majestad, prohíba definitivamente el enterramiento en las iglesias. Al año siguiente se construyen cuatro cementerios siguiendo las indicaciones de una comisión médica: El de San Antonio en el Camino del Fargue, el de Armengol en el Cercado Bajo de Cartuja, el del camino de los Abencerrajes y el de las Barreras en “la Haza de las Escaramuzas” de la Dehesa del Generalife. 

Mausoleo de Rodríguez Acosta
Por su altura y la calidad de la tierra, este último fue el lugar más idóneo para los galenos. Aquel primer recinto, ejecutado de forma improvisada, no debió constar más que de un cercado perimetral con capacidad para 7000 enterramientos. En 1842, cerrados los otros tres, pasa a convertirse en cementerio municipal, el segundo más antiguo de España de titularidad pública, con el nombre de San José, patrón de la “buena muerte”. El arquitecto granadino Francisco Enríquez Ferrer realizó entonces un proyecto de inspiración parisiense para su ampliación que no cuajó por falta de presupuesto, pero si debió servir de referencia para la construcción de los patios Primero, al que se accede por la actual portada de 1892, y Segundo. Consistían estos en recintos ajardinados con paseos en cuarteles y diagonales con rotondas, con 5000 nuevas sepulturas.  Se sitúan delante y a una cota más baja del primitivo recinto que ocupan hoy el patio Tercero y el de la Ermita, en el que se construyó una capilla neorrománica en 1908 por la familia López Medina hoy en día destinada a las cenizas. Sin un proyecto unitario, el conjunto actual es el fruto de las sucesivas ampliaciones, quince patios más y una rauda islámica para enterramientos de la comunidad musulmana, que con el paso del tiempo se han ido realizando.   


Pero si por algo destaca es por las esculturas que decoran tumbas y mausoleos principalmente en los patios decimonónicos, predominando la temática religiosa que reproduce modelos de la escuela granadina. Menos abundantes son los retratos de los finados como el de Melchor Almagro, de Agustín Querol Subirats de 1893 o el relieve en bronce del pintor granadino Manuel Maldonado realizado por Miguel Moreno Romera en 1984. A la entrada unas guías gratuitas nos ayudarán a encontrar obras destacadas en las sepulturas de  familias como la de Fernández Osuna en la que el escultor Nicolás Prados López convirtió en 1963 la blanca piedra en sudario que cubre al difunto con asombroso realismo, o la sobriedad máxima que podemos ver en la de Ángel Ganivet. 

Cristo yacente, al fondo mausoleo de Melchor Almagro


Ángeles custodios, figura habitual, encontramos en las sepulturas de Seco de Lucena y Rodríguez Acosta esculpidas por Pablo Loyzaga y Enrico Butti respectivamente. Pero sin duda el taller que más trabajó en el cementerio fue el del escultor José Navas Parejo, muy prolífico durante la primera mitad del siglo XX. Otros recuerdan tragedias como el memorial a las víctimas del accidente aéreo de 1964 en Sierra Nevada. Mención aparte merece la del médico Manuel Rodríguez Torres, su dedicación al cuidado de los más necesitados hizo que su tumba fuera muy visitada tras su muerte en 1907. En esta, la imagen de un Cristo vaciado en cemento blanco que aparece de pie en actitud meditabunda ha alcanzado gran devoción y fama de milagroso entre los granadinos que lo conocen como “el Señor del Cementerio”. 


Pese a la reticencia que pueda causar el que un cementerio sea lugar de interés turístico, el nuestro aparte de cómo museo de escultura y memorial de granadinos anónimos e ilustres es también un encumbrado mirador sobre la ciudad, la sierra y la vega. Desde 2010 pertenece a la Ruta de Cementerios Históricos Europeos por su interés cultural. 

Para saber más: recomendamos la página web del propio Cementerio, que ofrece información para su visita. Muy recomendable es también el libro “Memoria de Granada, estudios entorno al Cementerio” compendio de trabajos de diferente temas y autores dirigidos por el profesor Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz, que en buena medida nos ha servido de bibliografía.

 Mausoleo de Seco de Lucena

viernes, 5 de octubre de 2012

La Torre del Azeytuno


“Bajo la dominación sarracénica hubo en este sitio una iglesia cristiana y en su recinto una fuente y un olivo maravilloso muy celebrado por los autores árabes, andando el tiempo los moros edificaron una rábita que en memoria del mencionado olivo se llamó la torre del aceituno”

Este texto, que aparece en una placa colocada por la comisión de monumentos históricos de Granada en el año 1890 en la fachada de la ermita de San Miguel Alto, hace referencia al Borg-az-Zeitum, la torre del olivo o del aceituno. Fue esta construcción un ribat, es decir una fortaleza que además de la función defensiva servía como centro religioso. Abu-Hamid el Andalusí refiere la leyenda, transcrita por Seco de Lucena, de un olivo “que florece, cuaja y sazona sus frutos en el mismo día”. Al parecer los musulmanes celebraban en este lugar la Ancara, fiesta parecida a la de San Juan. Según se observa en la plataforma de Ambrosio de Vico, servía también como puerta de acceso a través de la muralla de la Alberzana. 

La torre en el fresco de "La Batalla de la Higueruela"

Plataforma de Ambrosio Vico, fragmento, 1613
Pero no solo el que fuera un lugar “santo” determinó su emplazamiento. Hoy día ofrece a oriundos y visitantes unas esplendidas vistas de la ciudad, la Alhambra y la Vega. Pero en la Edad Media, la cúspide de este cerro, a 850 metros de altitud, era un lugar clave para la vigilancia y defensa del territorio, siendo probablemente uno de los puntos  estratégicos de la red de atalayas utilizadas para las comunicaciones del reino nazarí. Tras la toma de la ciudad por los Reyes Católicos, quedó bajo la jurisdicción del gobernador de la Alhambra, firmándose el 4 de marzo de 1492 en Santa Fe una real pragmática en la que se confirmaba al converso Juan Joal como alcaide de la torre, puesto que había ocupado ya antes del fin del reinado de Boabdil. 


Como decimos siguió siendo un lugar clave para la vigilancia exterior e interior de la ciudad, ya que la mayor parte de la población del Albayzín en el siglo XVI era morisca. No debió de estar ociosa en estos años la guarnición aquí emplazada, sobre todo tras la  Pragmática Sanción de 1567 que borraba definitivamente cualquier rastro de las costumbres islámicas de los conversos, lo cual produjo un clima de constante tensión en el barrio como se demostró la noche del veinticinco de diciembre de 1568, en la que entró en el Albayzín una partida de unos doscientos sublevados, uno de los primeros episodios de la insurrección de los moriscos, sofocada en 1570. Expulsados estos del reino, en el siglo XVII la importancia de la torre decae. No solo por la despoblación de la zona que ello conllevó sino también por las tempestades y tormentas, como la de 1629, que asolaron las laderas del cerro. El padre Lachica refiere en su Gacetilla que “quedó la torre desierta algunos años sirviendo su soledad para abrigar muchos delitos”. La superstición del pueblo ante tantas desgracias llevo a que fuera conocido como “cerro de los diablos”


Posteriormente, el arzobispo Escolano decidió que en este lugar se erigiera un santuario a San Miguel Arcángel, para librarlo “de las ocasiones que se ofrecía de ofensas a Dios”, no estando claro si la torre fue derribada y en su lugar se erigió la primera ermita o si fue adaptada la estructura, como sugiere la lectura de las actas, de los siglos XVII y XVIII, de la hermandad allí erigida al referirse a esta como “ermita de la torre del Azeytuno”. Se inauguró este templo en 1673, cambiando el nombre del paraje por el de “cerro de los ángeles”. Pero no acabaría aquí su uso militar ya que durante la ocupación francesa fue utilizado por el ejercito invasor como fuerte de sus operaciones. A la salida de las tropas napoleónicas de la ciudad, en la mañana del diecisiete de septiembre de 1812, la hacían explotar arruinándose completamente su fábrica. Rápidamente, las gentes del barrio decidieron reconstruir la ermita de su patrón ayudados por el arzobispo Álvarez de Palma. Concluyeron las obras del templo actual en 1828  volviendo así a tener la ciudad a San Miguel, como si del Génesis se tratara, guardando las mismas “puertas del cielo” de Granada.

Romería de San Miguel, Albayzín
Para Saber más: recomendamos el libro de D. Luis Núñez Contreras, “La Hermandad de San Miguel de Granada” que nos ha servido de bibliografía. Igual de interesante es la entrada del blog “La Alacena de las Ideas” publicada sobre este tema, en la que se recogen más datos sobre la historia de la ermita (VER).

Como Curiosidad: casi las únicas las ocasiones que esta iglesia se puede visitar a lo largo del año son el día de San Miguel, veintinueve de septiembre, y el domingo inmediatamente posterior en el que se celebra la popular romería al cerro. Federico García Lorca dedicó a esta fiesta un evocador poema de su Romancero Gitano cuyas dos últimas estrofas reproducimos.

San Miguel se estaba quieto
en la alcoba de su torre, 
con las enaguas cuajadas
de espejitos y entredoses.

San Miguel, rey de los globos
y de los números nones,
en el primor berberisco
de gritos y miradores. 

martes, 22 de febrero de 2011

El Carmen de los Mártires (y IV). Construyendo el Carmen Áctual



Pocos años pasarían tras la exclaustración de la orden para que el convento junto a sus huertas tomaran un aspecto ruinoso debido al abandono y el depuesto de sus materiales. Tras varias subastas del edificio y  de las tierras, en 1842 fue adquirido por Francisco López Castaños quien acometería la demolición del edificio dejando solo el antiguo noviciado. Otra subasta le haría propietario a Don Carlos Manuel Calderón y Molina en 1851. Este general carlista transformaría por completo el lugar, demoliendo el noviciado y  construyendo una residencia propia. La casa se ubicaba en la zona con mejores vistas, sobria por fuera pero muy ornamentada en el interior. A su alrededor, un anillo de historicistas jardines se situaban a distintas cotas resultantes de la demolición del convento. Solo quedaba en pie el acueducto que seguía ejerciendo su función trayendo las aguas del Generalife. A lo largo de las tres generaciones de Calderón que habitaron el carmen, se fue configurando una colección de fascinantes jardines de diferentes procedencias sobre todo siguiendo la influencia francesa e inglesa a imitación de los jardines de los grandes palacios europeos. El diseñador del jardín culminó el conjunto con un gran lago construido en la parte más alta del carmen.  Parece ser que la familia Calderón tenía relación con la masonería dejando a través de su jardinero, un especialista francés llamado Juan Giraid, algunos elementos y símbolos relacionados con la logia. En 1896 fue adquirido por el belga Humberto Meersmans quien ya conocía la casa de su amigo el general Calderón. Este enriqueció el exterior del palacete colocando molduras, balaustradas,  columnas, cambió la puerta por una procedente de la Casa de la Inquisición y colocó una cubierta del siglo XVII sobre la escalera principal además de inundar el interior con numerosas obras de arte.


Habrá que esperar hasta 1930 para que el carmen tuviese otro propietario, el duque del Infantado quién hizo algunos arreglos hidráulicos en los jardines y construyó el patio nazarí actual. En 1953, con el siguiente heredero, pasará el carmen a manos del ayuntamiento mediante un curioso pacto. Sor Cristina de la Cruz y Arteaga, hija del duque del Infantado, era en aquel año priora del jerónimo convento de Santa Paula de Sevilla. Llegó a un acuerdo con el alcalde  de Granada Don Manuel Sola en el que le cedía  a la ciudad el carmen a cambio de que las religiosas jerónimas abandonasen el ruinoso convento de Santa Paula para instalarse en el monasterio de San Jerónimo que hasta entonces era utilizado como cuartel de caballería. Tras esto el carmen fue abierto hasta nuestros días para que pueda ser visitado con la excepción del año 1973 cuando sufrió su último atentado. Fruto de la especulación urbanística, tanto el palacete como los jardines sufrieron numerosos destrozos al intentar construir sobre él un hotel. Finalmente fue restaurado por el ayuntamiento para dejarlo tal y como lo vemos hoy. A lo largo de estas cuatro entregas hemos repasado la historia y vicisitudes de este rincón de la ciudad. No queremos terminar sin una breve descripción de los distintos espacios que configuran  el carmen en la actualidad.


A los mártires accedemos por la cuesta del mismo nombre dejando a mano derecha el auditorio Manuel de Falla donde ya vemos parte del jardín español. Nada más cruzar la reja nos encontramos con la fuente de las ninfas situada en la boca de una gruta sobre la que se colocan placas de mármol recordando celebres visitas como la del rey Alfonso XIII. Sobre esta se sitúa el jardín francés pero nosotros giraremos a la derecha para dirigirnos al palacete. Ante la casa se abre una gran explanada a modo de lugar de recepción. Bajo esta se  ubica el jardín de los arcos de acusado sabor granadino. De la explanada pasamos al patio nazarí que imita al de la acequia alhambreña con la curiosidad de tener una pequeña gruta excavada en el centro.  Tras pasar un interesante relieve de piedra nos adentramos en el jardín inglés situado a espaldas de la casa. Se configura formando una serie de cuadrados irregulares donde aparecen plantados setos y numerosas palmeras que no dejan ver prácticamente el cielo. Centra el conjunto una fuente de tres pisos construida por el duque del Infantado y que le llamó de Felipe II.



Sobre este jardín se sitúa el lago con su isla  a la que subiremos desde el palacete mientras contemplamos las maravillosas vistas de la sierra. El lago es la parte que menos transformaciones ha sufrido, fue construido sobre la antigua alberca del convento que a su vez estaba posiblemente sobre otra más antigua. Tiene forma de L mirando una punta hacia la vega y otra hacia la sierra. Todo el estanque está rodeado de árboles y arbustos aislándolo   de los otros jardines. Dentro de la isla podemos encontrar un sinfín de especies botánicas como madroños, bambúes, cedros, palmeras,… y en especial una curiosa especie llamado árbol de las pelucas llamado así por las formas plumosas de las frutas, además también hay un embarcadero y una imitación de una torre derruida. Junto al lago se sitúa el jardín francés que se alza sobre los muros de la antigua iglesia. Su estilo es versallesco, alargado con una ancha fuente en el centro rodeado de ocho escultura de simbología mitológica. En cuanto a la flora es el jardín que más se ha transformado ya que los pequeños magnolios originales han crecido además de que se han plantado distintas especies sobre la idea original. Terminaremos nuestro paseo dirigiendonos hacia el cedro de San Juan de la Cruz atravasenado las antiguas huertas del convento recuperadas por parte de la escuela-taller que en el carmen se ubica y que además es la encargada de mantener la diversidad de fauna y flora que inunda este pequeño paraíso.


sábado, 16 de octubre de 2010

Labor y Oración junto a las Aguas del Darro


Si remontamos el curso del Darro, a pocos kilómetros de la capital y en el mismo término municipal, nos encontraremos con un edificio prácticamente en ruinas que sirvió de residencia monacal. Se trata del Convento de Jesús del Valle, una hacienda-cortijo construido en el siglo XVII  junto a las orillas del río Darro aunque con anterioridad en el mismo lugar existió un molino, en el siglo XVIII los jesuitas construirían el convento propiamente dicho para su residencia. Sin duda constituye un ejemplo claro de explotación agrícola y ganadera por parte de la iglesia, y en concreto por la Compañía de Jesús. El origen de su nombre no crea dudas, se sitúa enmarcado en pleno valle del Darro al noroeste de los montes alhambreños, zona de gran riqueza paisajística y que en su momento estuvo rodeado de fértiles tierras de labor.



Todavía hoy se accede al convento por su sencilla portada con pilastras toscanas y doble cornisa sobre la que pudiera haber una hornacina con la imagen del santo titular. Tras pasar un zaguán abovedado se nos abre un amplio compás o patio que reparte  las dependencias de la finca, a un lado la hacienda propiamente dicha y a otro la residencia jesuita incluyendo una capilla. A la derecha según entramos, en el lado más cercano al Darro, podremos observar el antiguo molino de harina movido por las aguas del río y junto a el un horno de pan. La hacienda se divide en cuatro zonas; el mencionado molino de aceite, el de harina con parte de su maquinaria aún visibles, los lagares y los corrales donde todavía se pueden apreciar los abrevaderos y pesebres para el ganado. En el  lado oriental del patio se sitúa la antigua residencia de los jesuitas. La austera fachada del convento de tres cuerpos de alzada lo centra una portada de ladrillo con dobles pilastras acanoladas y una amplia cornisa donde se situaba el escudo de la orden centrándolo las iniciales JHS el cual ha sido retirado de su ubicación. La residencia se compone de dos corredores de tres plantas formando una planta en L en torno a un patio que queda abierto en dos de sus lados. Tras el zaguán, a la derecha, se dispone el oratorio con una planta basilical y que quedaba dividido en dos por la reja del coro. A ambos lados se insinúan dos capillas de poca profundidad que aparentan dibujar una planta de cruz latina. La estancia lo cubre una bóveda de espejo, la cuál ha caído casi por completo, y bajo la solería se encuentra la cripta de la comunidad. Al otro lado del vestíbulo se abre un gran espacio rectangular también cubierto por una bóveda que funcionó como refectorio. En el ángulo que forman las dos alas del edificio se encuentra la escalera, de grandes proporciones y con una balaustrada de madera. Por ella se accede a la planta principal en donde dos grandes corredores reparten las espaciosas habitaciones cubiertas con techos de vigas de madera y cañizo. Estos aposentos se iluminan mediante amplios vanos siendo los que dan al patio principal  con arcos abocinados. La última planta se compones de dos largas naves que debió de almacén y secadero, una armadura de par y nudillo da forma al tejado.





Con la expulsión de los jesuitas de todos los dominios de la corona española en 1767, el convento de Jesús del Valle es clausurado. El edificio junto con las huertas pasa a ser de propiedad particular siguiendo funcionando como un cortijo más incluso el oratorio, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, dependía a mediados del S. XIX de la abadía del Sacromonte. En las últimas décadas del pasado siglo quedó abandonado siendo sometido a una desaprensiva expropiación de todo lo que tuviese algo de valor quedándose el edificio prácticamente desnudo y acelerando su propia ruina. Diferentes propósitos como la construcción de la nueva autovía o el pantano que se idea levantar en pleno valle han hecho augurar un fatal destino al edificio. También el actual propietario del inmueble, un conocido constructor, ha especulado sobre estos terrenos con la pretensión de construir un hotel de lujo. Por suerte el conjunto fue declarado el 27 de Octubre de 2005 como bien de interés cultural (b.i.c). Un año después la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Granada insta al propietario a la “adopción de medidas urgentes provisionales” que frene el deterioro del cortijo. Estas medidas son la eliminación de toda la maleza vegetal y de los escombros, el apuntalamiento del edificio y la reparación de todos los muros y cubiertas con riesgo de desplome, tareas esta que al parecer se están realizando en la fecha en la que se publica esta entrada. Anhelamos que no se especule más con este importante edificio que forma parte de la historia de Granada, y que estas obras que se están acometiendo sea el principio de una rehabilitación merecida. 

        
        

       Antes y despues de la limpieza del patio principal

domingo, 26 de septiembre de 2010

La Casa de la Virgen (II). El Camarín.


En esta última entrada de las tres que hemos querido dedicar al IV centenario de la erección como parroquia del templo de Nuestra Señora de las Angustias, nos vamos a centrar en el palacio celeste donde mora la sagrada imagen de la Virgen. La creciente devoción hacia la imagen de Nuestra Señora de las Angustias entre la población granadina de los siglos XVI y XVII fue el principal factor para la construcción de un nuevo templo que albergara la milagrosa imagen. Como ya hemos visto, de la primitiva ermita erigida en torno a la pintura considerada como obsequio de   la reina Isabel la Católica, se pasó a construir un nuevo templo parroquial en el reciente barrio creado en torno a las orillas de los últimos tramos del río Darro.  Con la finalización del templo actual en 1671, la hermandad aúna todos sus esfuerzos en levantar el magnifico conjunto barroco que componen la estancia de la Sagrada imagen: el retablo y el camarín, siendo este último el primero en contratarse.


En cabildo de la Hermandad de la Virgen de las Angustias de tres de mayo de 1690 se informa de la intención de ampliar el testero de la nueva iglesia hasta las mismas orillas del Darro para la construcción del camarín. El conjunto se compone de tres estancias, una central y más elevada que constituye el camarín como tal abriéndose al templo mediante el ventanal del retablo, y dos antecamarines a ambos lados de la sala principal comunicados con esta mediante amplios vanos escalonados. Bajo el camarín se construiría una bóveda de enterramiento. La fábrica de la obra se terminaría en 1691 aunque no sería hasta cinco décadas después cuando quedaría concluida de manera total la fastuosa decoración del camarín. La falta de financiación haría que hasta 1703 no se comenzará la labor de ornato, estando dirigida  la obra por Juan de Ména y como maestro cantero Francisco Navajas. En 1709 se paralizan las obras, volviéndose a reanudar en 1711 sin Mena y Navajas que habían sido despedidos. Se recurre entonces al lucentino Francisco Hurtado Izquierdo, maestro mayor de la Catedral de Granada, el cual ya había concluido la majestuosa Sancta Sanctorum de la cartuja granadina donde se observa el éxito de los mármoles policromados y que tendrá en el conjunto del retablo-camarín de las Angustias su cota más alta. Con la llegada de don Juan de Lizana y Franco como nuevo comisario para la gestión de la construcción del camarín, las obras cobraría el definitivo impulso siendo este quien sufragaría la mayor parte del coste. Con él grandes artistas de la época trabajarían en el camarín como José Risueño, Fernández Raya o el Maestro José Hidalgo quién realizaría el programa pictórico de los antecamarines. El 28 de septiembre de 1742 sería bendecido el camarín quedando entronizada la imagen y realizándose una procesión extraordinaria a la Catedral.



El camarín aparece dentro de la inmensidad del templo como un palacio celeste, entre la tierra y el cielo. Para esto el barroco aquí acaricia el rococó,  la minuciosa delicadeza de las piezas de jaspes y un cuidado programa iconográfico entorno a la imagen centran la estancia. De principal interés es la solería, ejecutada por Isidro Navarro en 1725 con mármoles de diferentes tonalidades traídos de Luque, Campanillas y Sierra Elvira. Su dibujo central representa la intercesión  de la Virgen, simbolizada por siete estrellas aludiendo a sus siete dolores, para alcanzar la eternidad de los tiempos, representada por un sol y una luna en plenitud. En cada esquina se sitúan dos columnas salomónicas de piedra negra de Sierra Elvira las cuales soportan cuatro arcos donde se asientan la bóveda. Sobre las pechinas aparecen cuatro personajes relacionados con la pasión de Cristo: María Magdalena, San José de Arimatea, María Cleofás y San Juan Evangelista. A ambos lados de la bóveda se añadieron dos episodios pictóricos referentes a la historia reciente de la Hermandad. En uno se muestra la coronación canónica de la Virgen el 20 de septiembre de 1913 y en el otro el incendio de 1916 donde milagrosamente se salvó la sagrada imagen. La talla descansa sobre un esbelto trono de mármol realizado con piedra roja de Cabra por Marcos Rodríguez Raya considerado como uno de los seguidores mas cualificados de Hurtado Izquierdo.


Las dos estancias que acompañan al camarín, los antecamarines, complementan a través de los distintos frescos que los adornan la iconografía de la Titular. En el primer antecamarín, encargado por expreso deseo del mecenas del camarín don Juan de Lizana, se nos muestra los misterios proféticos de la pasión; también aparece reflejado el donante de la obra rodeado de distintos santos de especial devoción por este. En el segundo antecamarín se desarrollan temas propiamente de la pasión de Cristo, la despedida de Cristo de su madre, la coronación de espinas, Jesús con la cruz a cuestas, el calvario y el descendimiento son los temas aquí reflejados. Todo un conjunto el de los tres espacios dedicados a los siete dolores de la virgen María que a la vez sirven como joyero para la devoción de todos los granadinos.


Primeras reglas de la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias.

viernes, 21 de mayo de 2010

El Aljibe del Rey. Granada vista a través del Agua.


Las aguas provenientes de la Alfaguara abastecieron la ciudad de Granada desde el siglo XI como vimos en “Aynadamar, las lágrimas de Granada”. A modo de continuación de aquel paseo, nos acercamos hoy a este aljibe, el más grande de la ciudad y el único visitable, para conocer cómo funcionaba la red de depósitos que daban agua al Albayzín.


Situado en la Placeta del Cristo de las Azucenas, junto al parque de Santa Isabel la Real, el edificio, sede de la fundación Emasagra, engloba un antiguo carmen que recibe el mismo nombre, los jardines anexos y el propio aljibe. Lo primero que llama nuestra atención es el pétreo brocal del depósito abierto bajo un arco de ladrillo con alfiz en la fachada de la casa. Pocos imaginan que existe la posibilidad de estar al otro lado de esa portezuela herrumbrosa. Una vez dentro, situados en el jardín, podremos ver una curiosa amalgama de objetos de épocas y lugares diversos. Así nos encontramos con pedestales provenientes de antiguas cruces situadas en el Sacromonte, piedras de molino, incluso losas que servían de mostradores en el antiguo Mercado de San Agustín reutilizadas en el solado. También encontraremos una gran variedad de plantas y árboles representativos de nuestra región. Desde aquí podremos observa la cara interior de la Muralla Norte de la Alcazaba Cadima y el vecino palacio de Dar Al-Horra. Continuando con la visita, el guía nos mostrará, mediante maquetas y planos la evolución urbana de la ciudad y de la red de conducciones que distribuían el agua de Fuente Grande desde el colector al que llegaba la acequia, situado en la plaza de Manflor junto a la fábrica de cerámica de Fajalauza.


La parte central de la visita la protagoniza el propio aljibe, una construcción del siglo XI cuyo nombre proviene de la creencia de que servía el agua a los palacios de la corte zirí que ocupaban esta zona de la Alcazaba. Se fundamenta esta afirmación en la enorme capacidad del depósito, 300 m3, lo que da indicios de que debía abastecer a un gran complejo de edificios así como la referida ubicación junto a lo que se cree que eran los palacios reales. Se compone de cuatro naves cubiertas con bóvedas de cañón de ladrillo, comunicadas entre sí por arcos del mismo material que descargan sobre pilares. En las bóvedas se abren huecos por los que se recogía el agua de lluvia, lo que hace pensar que su construcción es incluso anterior a la del abastecimiento desde Aynadamar. Uno de estos huecos servía también para extraer el agua, como curiosidad se pueden ver las acanaladuras que el roce de la cuerda, no se usaba polea, ha dejado a lo largo de los siglos en la piedra. Se accede al depósito por el hueco que comunica con el pretil exterior por lo que pasaremos junto a la misma portezuela que antes vimos en la calle, ahora por el interior. Sus reducidas dimensiones y profundidad así como la imposibilidad de agrandarlo han obligado a la realización de una empinada escalera no apta para todos los públicos, y aun siendo ágil hay que tener cuidado al bajar. Junto a este también se conserva el canal de derivación que daba paso al agua desde el ramal al aljibe así como la compuerta que lo cerraba. El guía nos explicará cómo se realizaban los llenados y quiénes eran los encargados de este trabajo. Continúa la visita por otras salas dedicadas a la agricultura, la industria y máquinas que aprovechaban el poder del agua, la legislación y pleitos que supuso su uso o los oficios, como el del aguador, que a su alrededor se crearon.



Por todo ello recomendamos, pues lo dicho aquí solo es un pequeño resumen, acercarse a conocer este aljibe en persona, pues realmente merece la pena. La visita guiada, totalmente gratuita, para particulares se realiza actualmente de lunes a viernes a las 12 del mediodía con una duración aproximada de una hora.


miércoles, 21 de abril de 2010

Las Casas del Chapiz

Nos trasladamos en esta ocasión al que fue conocido como barrio o arrabal de Albaida, Rabad al-Bayda, que quiere decir de la blanca, situándose en lo que hoy es la Cuesta del Chapiz y sus alrededores para visitar las casas del mismo nombre que ocupan una amplia parcela situada en la esquina que forman dicha cuesta con el Peso de la Harina. Fue este arrabal en tiempos de la Granada árabe  residencia de alcaides e importantes caballeros musulmanes de modo que toda esta zona estaba poblada de alcázares y palacios con numerosas huertas y jardines. Por esto es posible que las casas del Chapiz se levantaran sobre las plantas de algún antiguo palacio nazarí del siglo XIV, el historiador F. Javier Simonet va más allá situando el palacio de Dar-Albayda, fundado por un príncipe almohade, sobre los cimientos de las casas.

 El solar y las pocas ruinas que permanecerían del antiguo palacio fueron aprovechados por el morisco Lorenzo el Chapiz para la construcción en los primeros años del siglo XVI de una casa morisca  siguiendo la tipología tradicional de casa nazarita, a la vez que su cuñado Hernán López el Ferí levantaba otra contigua a esta de menor tamaño y probablemente de nueva planta. Ambas casas son una inmejorable muestra para la comprensión evolutiva de la arquitectura doméstica nazarí desde su periodo de madurez hasta su fusión con elementos cristianos en su última fase de pervivencia, la morisca. En 1571 las casas serían confiscadas a sus primitivos dueño por su participación en el levantamiento de los moriscos pasando a propiedad de la corona castellana siendo cedidas en 1583 por real cédula a Juan Vázquez de Salazar quien introdujo algunos elementos arquitectónicos de la época al edificio y las fue arrendando a diversas personas e instituciones. Poco a poco las casas se fueron convirtiendo en viviendas vecinales cuyos moradores construyeron diversos negocios e industrias lo que contribuyó al deterioro del edificio llegando a un estado de autentica ruina a principios del siglo XX.

La casa construida por Lorenzo el Chapiz, que como dijimos se levanta sobre parte del trazado del antiguo palacio, tenía en su centro un extenso patio con galerías de arcos en sus testeros y estrechos cenadores en sus laterales, de los cuales hoy solo perviven el testero norte y uno de sus laterales, en el centro aún se conserva la gran alberca aunque hubiera de ser más larga al haberse perdido el testero sur. El testero norte lo forma una galería de cinco arcos cubiertos con decoración de estucos en sus enjutas al más puro estilo arábigo sostenidas por columnas de mármol aprovechadas de otros edificios más antiguos, sobre esta arcada se dispone un ancho corredor con balaustrada renacentista y zapatas góticas añadidas en una reforma posterior. En el centro de la galería se abre un arco con decoración en yesos con alhacenas en sus laterales. De igual modo en el corredor superior aparecen otros dos arcos de parecidas características a los de abajo que dan paso a sendas salas la cual una dispone de hermosa armadura de madera. En el lateral derecho se conserva otra portada decorada con yeserias y sobre esta se abren tres graciosas ventanas decoradas igualmente con adornos árabes en yeso.


Desde la mencionada galería se accede a un rellano donde nos encontramos el acceso a la segunda casa. Un arco apuntado de ladrillo nos da paso a un pequeño zaguán e inmediatamente se abre el  recoleto patio donde la madera es la que domina el lugar.  Unas estrechas galerías se abren alrededor del patio donde se sitúan pilares de ladrillo en las esquinas y columnas dóricas de mármol en medio de los lados mayores los cuales sujetan unas bellas zapatas de estilo gótico y las maderas de los corredores superiores. Estos tiene una balaustrada, esbeltas columnas, canes  y alero todo de madera al gusto ojival. En estos corredores se disponen varios habitáculos que siguen una traza puramente arábigo contrastando con los elementos cristianos. Sobre el testero norte se añadió poco después de su construcción un tercer cuerpo de estilo renacentista. Además en el piso bajo aparece un aljibe de tradición musulmana. Es este patio una interesante mezcla de todos los estilos arquitectónicos que más se utilizaban en la Granada del siglo XVI; la ultimas pinceladas del arte nazarita y los nuevos órdenes que llegarían a la ciudad con la nueva religión. Al sur de los edificios se ubica un extenso carmen que antiguamente llegaba hasta las orillas del Darro y que poco ha variado de su primitiva configuración en su parte conservada.


A principios del siglo XX las casas aparecían muy deterioradas en estado de semiruina hasta que en el año 1929 fueron adquiridas por el estado encargando la labor de restauración de los edificios al ilustre arquitecto y conservador de monumentos Leopoldo Torres Balbás quien recupero completamente las casas en 1931 para que se instalasen en ellas la recién creada Escuela de Estudios Árabes (CSIC) institución esta que hoy siguen mimando las Casas del Chapiz para que todo el que desee pueda acercarse a ellas y poder admirar unos de los ejemplos más  sobresalientes de casa morisca en Granada.