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jueves, 2 de enero de 2014

Día de la Toma 2014 (I). La tremolación del Pendón de Castilla en la Capilla Real


Sin duda uno de los actos más lucidos, si no el que más, del día de la Ciudad de Granada es la tremolación del Estandarte Real ante la tumba de los soberanos que “por fuerza de armas”, como dicen sus cronistas, la tomaran en 1492. Pese a que sus detractores consideran esta conmemoración como anacrónica y no dudan en tildarla de preconstitucional, el “ceremonial que la muy noble, muy leal, nombrada, grande, celebérrima y heroica ciudad de Granada ha de observar y guardar en la tradicional y solemne función publica que conmemoran su toma por sus majestades los Reyes Católicos, el día dos de enero” fue revisado y adaptado en  la década de los 80 del siglo XX al régimen democrático y a la Constitución española de 1978 por el entonces concejal de cultura José Miguel Castillo Higueras, siendo alcalde de Granada Antonio Jara Andreu.

Este acto, como “representación escenográfica” de un “acontecimiento histórico”, consta de un cuidado ceremonial que pone en la calle cinco siglos de historia de nuestra ciudad representados en las figuras vestidas de época y en los atributos que portan, tan importantes como las primeras Constituciones del Ayuntamiento, las Jarras de Caballeros Veinticuatro o la urna funeraria de Mariana Pineda entre otros. Pero centrándonos en lo que sucede bajo las bóvedas góticas de la Real Capilla de los Santos Juanes, debemos decir que una vez llegada la comitiva cívica de las autoridades que acompaña al pendón de Castilla a sus puertas es recibida por los capellanes real con que fue dotada “a perpetuidad” por los soberanos mediante carta fundacional en 1504,  así como por el Arzobispo y Cabildo catedralicio. Estos hacen entrega a la autoridad correspondiente, se turnan en esta labor el Alcalde de Granada, el Subdelegado del Gobierno y el Teniente General Jefe del Madoc,  de la espada original del Rey Fernando que se debe portar prendida por la hoja sujeta por un velo con la empuñadura hacia arriba. Igualmente se porta por una autoridad religiosa la corona de la Reina Isabel. Con ambos objetos y el Estandarte Real marcha la comitiva hasta el interior de la Catedral donde se oficia la misa de Te Deum. Tras esta se vuelve a formar el cortejo que se traslada ante la tumba de los Reyes Católicos para proceder a la tremolación.

 
Al Aula Regia solamente acceden autoridades, permaneciendo el público asistente en la pequeña nave del recinto tras la fastuosa reja, ejecutada en el siglo XVI por un desconocido maestro llamado Bartolomé, que separa ambos espacios. Situándose a la derecha del altar mayor los capellanes reales y a su izquierda el Cabildo municipal. Entre el altar y el sepulcro regio se sitúa el concejal de mayor edad que por turno le corresponda portar el estandarte escoltado por la Policía Municipal en traje de gala, realizando sendas genuflexiones ante el altar mayor y el sepulcro real  inclinando el estandarte y saludando a ambos cabildos con una inclinación de cabeza. A continuación tremola el pendón tres veces ante el altar y dos ante el sepulcro de los Reyes mientras se interpreta el Himno Nacional, cada tremolación va precedida de los mencionados saludos. Concluye el acto con la ofrenda de una corona de laurel y un ramo de flores adornado con las banderas de España, Andalucía y Granada en el interior del sepulcro, tras lo cual la corporación municipal parte de nuevo en dirección al Ayuntamiento para realizar el deslucido acto en el balcón principal.

Para saber más: sobre la espada y la corona de los Reyes Católicos así como otros objetos donados por estos que se custodian en la Capilla Real recomendamos su página web 
Como Curiosidad: Enlazamos un video alojado en la plataforma YouTube, que recoge la ceremonia completa de tremolación del Estandarte Real, en este caso en la jornada del 12 de octubre, en la que se observa un protocolo idéntico al del día de hoy (VER).

viernes, 4 de octubre de 2013

La Romería de las Yermas

Escucha a la penitente
de tu santa romería.
Abre tu rosa en mi carne
aunque tenga mil espinas.
Yerma. Federico García Lorca.
 
La obra de Federico García Lorca está repleta de referencias a la forma de vida de las gentes que le rodearon, sus costumbres y tradiciones. Un ejemplo de ello lo encontramos en Yerma, en la que relata la desesperación de una mujer que no es capaz de concebir un hijo y que agobiada por las habladurías de la gente recurre a la santería y, por último, acude a una famosa romería que se celebra cada 5 de octubre en Moclín, la romería del Cristo del Paño.
Moclín, al que ya hemos dedicado nuestra atención en varias ocasiones (Hisn al-Muqlin, Las Atalayas de Moclín, Escudo de Granada),  es una de las Siete Villas del Reino de Granada encaramada en una roca que domina un “mar de olivos” en la comarca de los Montes Occidentales. Como vimos, fue plaza estratégica para la defensa del Reino Nazarí y, posteriormente, para su asedio tras capitular el 26 de julio de 1486, celebrando la primera misa fray Hernando de Talavera. Se funda la iglesia parroquial de la Encarnación de la Villa en 1501, derribándose la mezquita que hasta entonces había servido para el culto y comenzando la construcción del edificio actual que se prolonga hasta 1560 de trazas renacentistas. En su interior se venera desde fecha indeterminada un lienzo que representa a Cristo con la cruz a cuestas. La tradición oral afirma, sin documento alguno que lo acredite, que esta pintura servía como estandarte de batalla de las tropas de los Reyes Católicos, los cuales lo donaron al pueblo durante su estancia entre 1486 y 1492. No será hasta el siglo XVII cuando adquiera gran fama por un milagro que relata una leyenda:  hallándose esta imagen sin todo el culto que era debido , con ocasión de haberla sacado para limpiarla, habiéndola lavado con agua y un lienzo, la pusieron a que se enjugasen al sol; el sacristán de la parroquia, cuyo nombre no ha quedado en la memoria de los vecinos , ni de las fuentes escritas, que se hallaba con la vista tan empañada de nubes (cataratas) que casi estaba ciego, llevado de un extraordinario fervor de devoción e interior impulso, llevó a besar el pie de la sagrada imagen , y sin pensarlo, se halló de repente sano de la enfermedad del paño y con la vista clara y perfecta. De ahí el nombre dado al Cristo, debido a esta enfermedad a la que vulgarmente se le daba esta denominación del Paño”. Este hecho le da fama de milagroso y de sanar las enfermedades lo que motiva que desde entonces acudan a él numerosos devotos, dando origen a su popular romería que con el tiempo se masifica y amplía con la celebración de una feria de ganado.
 
La fama del santo de erradicar la esterilidad femenina, aparte de curar enfermedades, y los excesos que se llegaban a cometer durante las celebraciones sirven como hilo argumental al desenlace de la mencionada obra de Lorca. En el cuadro segundo del tercer acto la acción se desarrolla “alrededor de una ermita, en plena montaña” es decir en esta iglesia del Cristo del Paño, añadiendo que “entran mujeres con ofrendas en la ermita, vienen descalzas”. Los personajes que aparecen relatan algunos altercados, y una muchacha afirma que “más de cuarenta toneles de vino he visto en las espaldas de la ermita”. Luego relata cómo Yerma va cantando una plegaría descalza y con velas en dirección a la iglesia. No fue bien acogida esta referencia en la obra ya que Lorca se centra en el aspecto sexual de la fiesta, acusándosele de inventar tales hechos. Sin embargo es innegable que esta se había descontrolado, ya que en la década de 1950 un sacerdote del pueblo, José López Vallecillos, raja el lienzo y le arroja un cubo del cal con el fin de destruirlo para acabar con la romería debido a “los abusos y los fraudes que eran cometidos por los forasteros  el día del Santo Cristo”, prohibiéndose su celebración desde 1957 hasta 1971.
 
Actualmente sigue congregando a una multitud de devotos de forma mucho más tranquila. Ese día, este pueblo de apenas varios cientos de habitantes (el municipio está compuesto por siete núcleos de población; Gumiel, Limones, Moclín, Olivares, Puerto Lope, Tózar y Tiena, con un total del 4522 habitantes) llega a albergar hasta 25.000 personas cuando la romería coincide con el fin de semana, lo que obliga a los visitantes a aparcar sus vehículos en los olivares que rodean el pueblo, todo ello controlado por un fuerte dispositivo de seguridad. Por las estrechas y empinadas calles del pueblo se levantan los puestos ambulantes en los que se venden todo tipo de recuerdos, estampas, rosarios, velas, calendarios, y comida. Las celebraciones se centran en la explanada del santuario y al mediodía se realiza la procesión que, atravesando las murallas de la vieja fortaleza, baja hasta la plaza del Ayuntamiento y  la zona de las Eras, a la salida del pueblo.  

Para saber más: recomendamos el siguiente enlace del Ayuntamiento de Moclín en el que viene recogida íntegramente la historia del Cristo y su romería, de la que hemos obtenido algunos datos para la confección de  esta entrada. Igualmente se puede consultar la web del santuario, donde también encontramos información sobre el mismo.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Los frutos del Otoño

 
Es una tradición fuertemente arraigada en estas fechas en la capital granadina el llamado mercadillo de otoño que se celebra el último fin de semana de septiembre en los alrededores de la Fuente de las Batallas al amparo de las fiestas principales y procesión de la patrona granadina, la Virgen de las Angustias, a la que estamos dedicando esta serie de entradas en estos días. Conocido ya un poco más del arte que la rodea  en su fastuosa iglesia, cambiamos ahora la temática y nos vamos a la gastronomía para conocer otra de las tradiciones de estas fiestas.  

 
En los puestos del mercadillo de la Puerta Real lo más demandado son las tradicionales “Tortas de la Virgen” que encontramos rellenas de cabello de ángel, chocolate o crema y frutos secos, pero también otros dulces más habituales a lo largo del año. Sin embargo destaca el variado surtido de productos que se recogen en estas fechas que se nos ofrece. Así encontramos desde la caña de azúcar traída desde la vega de Motril hasta higos chumbos, nueces, castañas, almendras, dátiles, pasas, membrillos, acerolas, majoletas, azofaifas, granadas… los frutos del otoño que da la tierra granadina. Gusta el oriundo de pasear en estos días por el centro de Granada para visitarlos, pero también los foráneos que se trasladan desde las provincias limítrofes donde la devoción a las Angustias se encuentra muy extendida, y los que desde los pueblos cercanos y no tan cercanos, recorren a pie la distancia que los separa de la capital, incluso desde Motril en un recorrido que implica varias jornadas de camino hasta la iglesia de la carrera. Granada celebra de esta otra forma, más tranquila que una feria, a su patrona aprovechando el llamado veranillo del Membrillo o de San Miguel.
 
Y junto a los puestos de frutos y tortas también encontramos los habituales vendedores de nardos, la flor de la Virgen, que con su olor completan el cuadro típico que estos días ofrece el centro granadino como pórtico del otoño.

jueves, 30 de mayo de 2013

Cinco siglos de orfebrería en la Custodia granadina


No es la custodia procesional de la Catedral de Granada realmente una gran obra de arte, ni tiene la monumentalidad de las custodias de Enrique o Juan de Arfe, ni presenta la uniformidad estilística que tendría una pieza proyectada y ejecutada por una única mano. En ella encontramos desde elementos góticos hasta piezas contemporáneas, cada una de siglos y artesanos distintos, con técnicas y gustos diferentes. Pero su interés radica precisamente en ser un compendio o catálogo de cinco siglos de la orfebrería granadina.


El orfebre alemán Enrique de Arfe fue quien introduce las custodias en forma “de torre” en el siglo XVI (Toledo, Córdoba, León). Antes, en el Gótico, solían tener forma de viril u ostensorio. Esta segunda es la forma que sigue la granadina, más antigua por tanto que aquellas. Según consta, el origen de nuestra custodia está en la que en 1501 regalara a la ciudad Isabel la Católica, sabida es de sobra la importancia de los Reyes Católicos en la instauración de la fiesta en Granada. De aquella pieza solo ha llegado hasta nuestros días el templete hexagonal con chapitel gótico de plata bañada en oro. Se remataba originariamente por una cruz, sustituida en la actualidad por la figura de la Fe. Según consta en los inventarios esta pieza sufrió ya en el XVI numerosos arreglos y modificaciones, la más importante fue llevada a cabo por el orfebre Francisco Téllez (1531-1569) que labra el basamento hexagonal rematado por cúpula del que surge un jarrón que por medio de seis volutas en forma de “ese” sustenta el templete primitivo, toda la pieza de 1,5 metros de altura aparece bañada en oro. De autor anónimo y datado entre los siglos XVII y XVIII es el viril que aparece dentro del templete con forma de sol orlado de nubes, estrellas y querubines decorado con pedrería.


En el XVII se le añade un segundo cuerpo de plata en su color con planta octogonal y forma tronco-piramidal en cuyas aristas surgen ocho volutas que sustentan quinqués para velas, obra de Juan Serrano Salvaje con el que la custodia ganó medio metro de altura. De este periodo son también las cuatro jarras que aparecen en las esquinas. Será en el XVIII cuando un artesano del que solo conocemos el apellido, Campos, realice el tercer cuerpo de estilo barroco, planta cuadrada con pilastras en las esquinas y 40 cm de alto. En el aparecen medallones bañados en oro con motivos eucarísticos y la jarra de azucenas, emblema de la Catedral.


Así llegamos al siglo XX, casi cuarenta años se dilató el proceso para elegir el diseño de la cuarta ampliación llevada a cabo en la pieza, se conservan algunos bocetos en el archivo catedralicio de los artistas Antonio Salazar Capilla y Miguel Moreno Romera con propuestas muy variadas. Este último sería quien finalmente en 1992, conmemorando el quinto centenario de la toma de la ciudad, labrara el actual cuarto cuerpo también en plata. De planta cuadrada con esquinas achaflanadas  mide 1 metro de alto, presentando tres hornacinas en cada cara en cuyos fondos aparecen los relieves de algunas iglesias de la ciudad y basílicas romanas. Ante estas aparecen la reproducción de la Inmaculada de Alonso Cano en el frontal y de los apóstoles en el resto. En las esquinas, cobijados en grutas rocosas, se sitúan los cuatro evangelistas. En dos ocasiones podemos contemplar esta obra por las calles de Granada, en la mañana del Jueves de Corpus y en la tarde del domingo siguiente en la procesión de “la Octava”, pero para poder apreciar sus detalles habrá que acercarse al museo catedralicio donde se expone el primer cuerpo mientras que el resto permanece todo el año en una de las capillas de la girola. 

Para saber más: recomendamos el libro de la doctora Mª del Pilar Bertos Herrera, gran estudiosa de la orfebrería granadina, que en su libro “La Custodia del Corpus Christi de Granada” realiza un minucioso análisis de esta pieza y que nos ha servido para la redacción de la entrada.

miércoles, 29 de mayo de 2013

La Fiesta de los Sentidos


Multitud entusiasmada
de semblanza nada seria
cubre el campo de Granada
y apresura la jornada,
por ver su Corpus y Feria
Antonio Joaquín Afán de Ribera
Fiestas populares de Granada

Sacándole tiempo al tiempo, precisamente eso es lo que ahora queremos dedicar a la Fiesta Mayor de Granada, la Feria y Fiestas del Corpus Christi. En cierta ocasión un catedrático de historia de la Universidad de Toledo se refirió al Corpus de la Ciudad Imperial como la fiesta de los sentidos. Esta definición bien podríamos utilizarla nosotros para hablar igualmente de nuestra celebración en siglos pasados pero también, como un reflejo de aquellos, en la actualidad. Resulta paradójico que la fiesta religiosa de un misterio de la fe, que por definición es algo que no se puede comprender a través de nuestros sentidos, se revista de toda la parafernalia barroca que embota, exalta y confunde nuestra percepción. En siglos pasados nuestra ciudad se transformaba en un lugar idílico, calles y plazas se revestían de hierbas aromáticas, músicos y cantores, arcos de triunfo, entoldados, colgaduras y monumentales altares efímeros convertían lo terrenal en celestial por uno días en lo que a lo religioso se refiere. También la Feria, por añadidura, transformaba y transforma Granada, que se traslada a esa ciudad en pequeño que es el ferial, antiguamente lugar para la compraventa de ganado, hoy dedicado al ocio. Pero volvamos a los sentidos y a lo que estos días nos muestran:


Gusto. El de la rica gastronomía de nuestra tierra en unos días en el que el ambiente y la climatología invitan a echarse a la calle, de las tradicionales barretas duras o blandas, de las manzanas recubiertas de caramelo o el algodón de azúcar.
Oído. El de la música, desde la más tradicional a la más moderna en las casetas o las charangas que acompañan a la Tarasca el miércoles de Feria, hasta la más solemne que envuelve el paso de la procesión del Jueves de Corpus.


Olfato. Sin duda el olor de las hierbas aromáticas que alfombran el recorrido oficial de la Custodia granadina, de las plantas en maceta en el patio de la Casa Consistorial o los  que acompañan a las viandas antes referidas.
Vista. El sentido primordial, el que más nos aporta. Interminable sería enumerar todo lo que entra a través de nuestros ojos estos días, carocas, balcones, escaparates, altares, trajes de época, gigantes y cabezudos, ricos bordados o antiguas piezas de arte son unos pocos ejemplos de lo mucho que Granada nos muestra.



Terminamos insistiendo en la idea que ya en anteriores ocasiones hemos expresado, tenemos una fiesta digna de conocer, grande pero mejorable, a la que no sacamos todo el partido que podríamos. Si bien no son tiempos propicios para el engrandecimiento de la celebración, no olvidemos lo que los libros de historia nos cuentan, que no es otra cosa que el esplendor con que Granada celebró la Solemnidad del Corpus Christi a lo largo de su historia.