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jueves, 2 de enero de 2014

Día de la Toma 2014 (y II). Los Olvidados de la Toma

Expulsión de los judíos, Emilio Sala Francés (1889)
La celebración de la Toma de Granada se ha visto envuelta en la última década por la polémica de quienes quieren ver, y otros introducir, en una tradición cívica connotaciones políticas o, nada más lejos de la realidad, de intolerancia o racismo. Empeñados en hablar de vencedores y vencidos e identificados con cristianos los primeros y musulmanes los segundos, nos olvidamos de otro pueblo que también se vio afectado por las  Capitulaciones para la entrega de Granada. A la comunidad judía de Granada también  se la menciona en los acuerdos firmados en el real de Santa Fe el 28 de noviembre de 1491, y no es que saliera precisamente bien parada. Pero de ellos no se habla, son los olvidados de la Toma.
 
El pueblo español, y antes de su gestación como estado, los habitantes de los reinos que le dan origen eran siervos de su rey, esto fue así hasta que en las Cortes de Cádiz de 1812 se nos otorga el estatus de ciudadanos libres. Por tanto cuando Boabdil negocia con los Reyes Católicos la entrega de sus posesiones, no solo lo hace de sus tierras sino también de sus súbditos, musulmanes en su gran mayoría, pero también judíos, esclavos cristianos, etc. La población que quedaba de la Granada Judía,  que tantos avatares había sufrido a lo largo de los siglos anteriores, es mencionada en varios de sus setentaisiete artículos, estableciéndose que están incluidos en ella “los judíos naturales de Granada y de su Albayzin y arrabales, y los de la Alpujarra y de todos los otros lugares contenidos en estas capitulaciones”. Si bien en el texto, al igual que a los musulmanes, se les permite seguir viviendo en su fe y costumbres, se observa claramente como se les da un trato diferenciado del establecido para la población musulmana. En primer lugar se establece “que no mandarán sus altezas ni el príncipe don Juan su hijo, ni los que después dellos sucedieren, para siempre jamás, que los moros que fueren sus vasallos traigan señales en los vestidos como los traen los judíos”. La costumbre cristiana de señalar a los judíos con un distintivo amarillo no era a ajena al reino nazarí, ya en 1273, tras la muerte de Muhammad I, el Rey Alhamar, se habían promulgado normas que los obligaban a lucir sombreros o bandas identificativas.  Por otro lado también se acordó “que no permitirán sus altezas que los judíos tengan facultad ni mando sobre los moros ni sean recaudadores de ninguna renta”. Estos cargos habían sido con frecuencia ocupados en las cortes de los reinos cristianos, y en ocasiones también en la granadina, por judíos lo que era mal visto por el común de la población. Sin embargo los judíos granadinos se habrían conformado con estas nuevas restricciones apenas unos meses después cuando fray Tomás de Torquemada, entrega en nombre de la Inquisición a los Reyes Católicos el borrador del decreto de expulsión definitiva de los judíos de todos sus reinos. Este decreto “de Granada” o “de la Alhambra” como es conocido se firmó el 31 de marzo de 1492 y se hizo público el 29 del mes siguiente.
 
Con estos acontecimientos comenzó a borrarse la huella de los sefardíes en la “Granada de los judíos”. Sin embargo, 522 años después de este hecho recuperamos parte de ese legado. Coincidiendo acertadamente con el Día de la Ciudad de Granada, abre sus puertas un nuevo espacio expositivo permanente destinado a difundir la huella del pueblo judío en nuestra tierra. Se encuentra situado en el Palacio de Santa Inés, en la cuesta del mismo nombre perpendicular a la Carrera del Darro. Su nombre, que da pie al título de esta entrada, nos parece igualmente oportuno: “Palacio de los Olvidados”. Cuenta este nuevo museo con la colección privada de la familia Crespo López, que ha recopilado a lo largo de varias generaciones el material que ahora se nos ofrece. Por ello hoy estamos de enhorabuena.
Para saber más: recomendamos visitar el nuevo museo, situado en la mencionada Cuesta de Santa Inés, abierto todos los días de 10:00 a 19:00 horas. Más información en la página web del museo (VER) 

Día de la Toma 2014 (I). La tremolación del Pendón de Castilla en la Capilla Real


Sin duda uno de los actos más lucidos, si no el que más, del día de la Ciudad de Granada es la tremolación del Estandarte Real ante la tumba de los soberanos que “por fuerza de armas”, como dicen sus cronistas, la tomaran en 1492. Pese a que sus detractores consideran esta conmemoración como anacrónica y no dudan en tildarla de preconstitucional, el “ceremonial que la muy noble, muy leal, nombrada, grande, celebérrima y heroica ciudad de Granada ha de observar y guardar en la tradicional y solemne función publica que conmemoran su toma por sus majestades los Reyes Católicos, el día dos de enero” fue revisado y adaptado en  la década de los 80 del siglo XX al régimen democrático y a la Constitución española de 1978 por el entonces concejal de cultura José Miguel Castillo Higueras, siendo alcalde de Granada Antonio Jara Andreu.

Este acto, como “representación escenográfica” de un “acontecimiento histórico”, consta de un cuidado ceremonial que pone en la calle cinco siglos de historia de nuestra ciudad representados en las figuras vestidas de época y en los atributos que portan, tan importantes como las primeras Constituciones del Ayuntamiento, las Jarras de Caballeros Veinticuatro o la urna funeraria de Mariana Pineda entre otros. Pero centrándonos en lo que sucede bajo las bóvedas góticas de la Real Capilla de los Santos Juanes, debemos decir que una vez llegada la comitiva cívica de las autoridades que acompaña al pendón de Castilla a sus puertas es recibida por los capellanes real con que fue dotada “a perpetuidad” por los soberanos mediante carta fundacional en 1504,  así como por el Arzobispo y Cabildo catedralicio. Estos hacen entrega a la autoridad correspondiente, se turnan en esta labor el Alcalde de Granada, el Subdelegado del Gobierno y el Teniente General Jefe del Madoc,  de la espada original del Rey Fernando que se debe portar prendida por la hoja sujeta por un velo con la empuñadura hacia arriba. Igualmente se porta por una autoridad religiosa la corona de la Reina Isabel. Con ambos objetos y el Estandarte Real marcha la comitiva hasta el interior de la Catedral donde se oficia la misa de Te Deum. Tras esta se vuelve a formar el cortejo que se traslada ante la tumba de los Reyes Católicos para proceder a la tremolación.

 
Al Aula Regia solamente acceden autoridades, permaneciendo el público asistente en la pequeña nave del recinto tras la fastuosa reja, ejecutada en el siglo XVI por un desconocido maestro llamado Bartolomé, que separa ambos espacios. Situándose a la derecha del altar mayor los capellanes reales y a su izquierda el Cabildo municipal. Entre el altar y el sepulcro regio se sitúa el concejal de mayor edad que por turno le corresponda portar el estandarte escoltado por la Policía Municipal en traje de gala, realizando sendas genuflexiones ante el altar mayor y el sepulcro real  inclinando el estandarte y saludando a ambos cabildos con una inclinación de cabeza. A continuación tremola el pendón tres veces ante el altar y dos ante el sepulcro de los Reyes mientras se interpreta el Himno Nacional, cada tremolación va precedida de los mencionados saludos. Concluye el acto con la ofrenda de una corona de laurel y un ramo de flores adornado con las banderas de España, Andalucía y Granada en el interior del sepulcro, tras lo cual la corporación municipal parte de nuevo en dirección al Ayuntamiento para realizar el deslucido acto en el balcón principal.

Para saber más: sobre la espada y la corona de los Reyes Católicos así como otros objetos donados por estos que se custodian en la Capilla Real recomendamos su página web 
Como Curiosidad: Enlazamos un video alojado en la plataforma YouTube, que recoge la ceremonia completa de tremolación del Estandarte Real, en este caso en la jornada del 12 de octubre, en la que se observa un protocolo idéntico al del día de hoy (VER).

martes, 24 de septiembre de 2013

La Calle de Elvira… de la Chana

“Granada, calle de Elvira,
donde habitan las manolas
donde vive quien yo quiero
y en quien pienso
a todas horas
por ser mi querer primero…”
 
Sinceramente veíamos difícil poder dedicar una entrada al moderno barrio de la Chana al estar por lo general dedicado este espacio a temas remotos en el tiempo. Sin embargo todos los “granos” de esta Granada merecen ser tenidos en cuenta, por lo que ahora nos trasladamos a las inmediaciones de la Vega, lo fue antes de que la llenáramos de asfalto y hormigón, hasta la calle de Elvira, pero la de la Chana.
 
La calle de Elvira, la original, fue la vía principal de la ciudad desde el Medievo hasta bien entrado el siglo XIX en el que las políticas de ensanche de calles provocaron una de las mayores catástrofes para el patrimonio arquitectónico granadino, el embovedado del rio Darro  a su paso por el Centro  para crear la calle de los Reyes Católicos y la apertura de la Gran Vía de Colón, para lo cual se derriban varios cientos de casas moriscas, nazaríes, palacetes renacentistas… todo se lo llevó por delante la “cicatriz” que recorre de Norte a Sur el casco (menos) histórico granadino, pero esa es otra historia. Como decimos hasta ese momento la calle más ancha de la Medina era la de Elvira, nombre dado por conducir, a través de la puerta homónima hasta el camino de la antigua capital de la Cora andalusí. Hoy en día el pilar situado junto a la Cuesta de Abarqueros nos recuerda el lugar donde las bestias de carga que transportaban las mercancías hacían un alto para beber agua y recuperarse del cansancio del viaje. Con una longitud de 660 metros desde los restos de la fortaleza que defendía la Puerta de Elvira hasta la esquina de la Plaza Nueva donde se situaba la desaparecida iglesia siloesca de San Gil, su trazado serpentea adaptándose a la irregularidad de alineamiento de los antiguos edificios. Hoy en día, cada vez más despoblada, marca la frontera del barrio del Albayzín al que nos conducen empinadas cuestas como Correo Viejo, Calderería Nueva o Vieja.
 
Acostumbrados a la ristra de despropósitos que suele ser el urbanismo de nuestra ciudad, nos parece un acierto el diseño que presenta el que desde 2010 es el parque más grande de la ciudad, la “Alquería de la Vega”, el nombre no puede ser más apropiado dada su ubicación entre la Antigua Carretera de Málaga y la salida del barrio de la Chana de la A-44, en lo que fue nuestra fértil vega. En sus 7 hectáreas crecen 5.000 árboles de diferentes especies regados por una serie de acequias, reproducción de las tradicionales que aún se utilizan en los pueblos del cinturón. Sin embargo lo que caracteriza a esta zona verde es que en su interior encontramos una reproducción a escala 1:1 de la mencionada Calle de Elvira. A todo lo largo del parque un paseo o “calle” principal nos transporta hasta ella con un poco de imaginación. Los parterres de flores y arbustos simulan las manzanas de casas, abriéndose a ambos lados las bocacalles, esta distribución espacial se refuerza con la existencia de letreros con los nombre de cada una de ellas. Igualmente destacan algunos de los elementos arquitectónicos característicos de la zona. En un extremo el famoso Arco de Elvira, reproduciéndose su planta con setos de aproximadamente un metro de altura, siguiendo la costumbre instaurada por Leopoldo Torres Balbás en los jardines de la Alhambra de arquitectura simulada con elementos vegetales. Por su ubicación en una esquina muy retirada, el resultado no nos parece muy conseguido. Más reconocible es la recreación en planta de la iglesia de San Andrés, con la misma técnica, unos metros más adelante. Siguiendo el serpenteante discurrir se distinguen varias pérgolas que recuerdan a los soportales de algunos edificios más modernos. Sin embargo el elemento más destacado es la gran pérgola metálica que llegando al final del trazado reproduce la iglesia de  los Hospitalicos, especialmente su cúpula y pechinas, en parte ya cubiertas por plantas trepadoras que con el paso del tiempo generarán un edificio “verde” de sugestiva belleza  con Sierra Nevada como telón de fondo. Solo el ruido de los vehículos de la cercana circunvalación, elemento difícil de erradicar, nos sobra en este parque. Existe igualmente una zona destinada a huertos, cedida a los vecinos del barrio para fomentar la agricultura ecológica, que refuerza la idea de que si en el siglo pasado la ciudad se metió en la Vega erróneamente, ahora le devolvemos al menos una pequeña parte de lo que es suyo.
 
 
Para saber más: en esta ocasión dejamos la teoría a un lado y recomendamos la práctica de conocer o reconocer este parque que nos habla de Vega y Elvira, dos nombres propios íntimamente ligados a nuestra milenaria ciudad.

domingo, 20 de enero de 2013

Por Fe y Justicia


“Después de setecientos años de dominación musulmana, dimos ambas (la Fe y la Justicia) estos pueblos a los Reyes Católicos: encerramos en este templo sus cuerpos y llevamos a los cielos sus almas, porque obraron con justicia y fe. Dimos por primer prelado a Fernando, modelo de sabiduría, costumbres y vida honesta”

Esta es la inscripción que se sitúa sobre el arco de medio punto de la Puerta del Perdón de la Catedral de Granada. Aparece en una cartela que sujetan las figuras alegóricas de la Fe y la Justicia situadas en las enjutas de dicho arco. Aquí las artes, en este caso la arquitectura y la escultura, sirven para transmitir un mensaje similar al del Oficio de la Toma de Granada de fray Hernando de Talavera, que ya vimos. Esta portada nos muestra en concreto los valores que motivaron a los Reyes Católicos para emprender la reconquista del reino granadino, incidiendo de nuevo en la idea de la intervención directa de Dios en el éxito de esta campaña.


Que este “mensaje” aparezca aquí y no en otro sitio tampoco es casual. Cuando Diego de Siloé traza las líneas que, una vez desechado el proyecto gótico de Enrique Egas, darán forma definitivamente a la Seo granadina, la Capilla Real ya está terminada y contiene los cuerpos de Isabel y Fernando. El acceso principal de esta quedó oculto en el interior de la nueva catedral que se construyó adosada. Siguiendo los ideales del Renacimiento, Siloé concibió una puerta que emula los arcos de triunfo romanos, situándola en línea recta con la de la Real Capilla. Servía por tanto, aparte de cómo acceso al recinto sagrado, como monumento en honor de los soberanos españoles. Tras la puerta  se abría una “avenida”, la nave del crucero catedralicio, que llevaba directamente  hasta el lugar donde descansan eternamente los Reyes Católicos. Pero no solo Isabel y Fernando eran exaltados, también lo era el Emperador Carlos cuya intención fue convertir la catedral granadina en su panteón, razón por la que veremos que a ambos lados de la portada aparecen los escudos de abuelos y nieto. Para que quien traspasara esta puerta recordara desde un principio la hazaña de aquellos soberanos, el maestro burgalés esculpió en la característica piedra de Santa Pudia proveniente de la localidad de Escúzar estas figuras femeninas que portan los atributos característicos de la fe, el cáliz, y de la justicia, la espada. Hoy en día aun nos hablan de nuestra propia historia cada vez que pasamos ante ellas por la vieja calle de la Cárcel.


 Hace referencia en último lugar la inscripción que corona el arco a “Fernado”, Hernando de Talavera, como primer arzobispo de la ciudad. Que su nombre aparezca unido al de los Reyes Católicos nos da idea del peso que esta figura tuvo en la corte de los primeros Reyes de España, sobre todo ante la reina Isabel de cuyo favor gozó hasta el fin de sus días, y en los primeros años de la Granada recristianizada.


Para saber más: recomendamos la magna obra titulada “El libro de la Catedral de Granada” de Lázaro Gila Medina, quizás el más completo de todos los estudios que se han realizado sobre el conjunto catedralicio granadino.

miércoles, 2 de enero de 2013

El Señor de las Alpujarras




Este es el título, totalmente simbólico, que Boabdil ostentó escasamente durante un año y diez meses, tiempo transcurrido entre la entrega de la capital de su mermado reino tal día como hoy hace quinientos veintiún años y su partida definitiva hacia Fez. No por nada se le apoda el desdichado, durante este tiempo Boabdil ya no fue más que señor de quienes quisieron acompañarle en su destierro. Profundizamos ahora en la estancia del último Emir de Granada en Laujar de Andarax, en la Alpujarra almeriense.

Esta Tahá o comarca a la que da nombre el rio Andarax tiene el honor de haber acogido hasta tres reyes sin reino. El primero, de 1489 a 1491, fue El Zagal que había sido rey de Granada escasamente un año con el nombre de Muhammad XIII. Después acogería a su sobrino Boabdil y por último al autoproclamado rey de los moriscos, Aben Humeya. Centrándonos en el Rey Chico, para su retiro escogió esta tierra rodeada de agua y vegetación, enclavada en las estribaciones orientales de la vertiente sur de Sierra Nevada, un paraíso donde intentar olvidar sus penas. En uno de los pequeños pueblos de la zona llamado Cobdaa fijó su residencia con su familia y sequito. Según Hernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos, pasaba aquí el tiempo dedicado a la cetrería. Bien que lo sabía Zafra, él mismo había dispuesto entre los sirvientes numerosos espías que le informaban de cualquier paso que daba el depuesto rey en previsión de un posible complot o insurrección. Por tanto el “Señor” de aquellas tierras era todo lo contrario, un cautivo al que hacían creer que aun tenía autoridad sobre un pedazo de tierra que era en verdad su prisión, por lo que se llamó más tarde a esta población Presidio de Andarax.

Salida de la familia de Boabdil de la Alhambra
Manuel Gómez-Moreno González, 1880
Pero la vida tranquila de Boabdil en las Alpujarras no dejaba conforme al Rey Católico, Fernando insistía en que era mejor alejarlo de España definitivamente. Consta en los archivos de Hernando de Zafra que este pagó a Aben Comixa y a Malek, los más cercanos colaboradores del desdichado Rey, para que lo forzaran a exiliarse al otro lado del mar. No habiéndolo conseguido por medio de las palabras, el mismo Comixa firmó  en Barcelona, donde entonces se encontraban los Reyes, el contrato de venta de todas las propiedades de Boabdil, para lo que no tenía autorización. Enterado de la traición de su otrora hombre de confianza, despachó a este. Pero aun había desleales entre sus más allegados que con intrigas consiguieron convencerlo de que lo mejor era partir, bajo el pretexto de que si no serían todos apresados y ejecutados. Aceptó el rey, que ya no era rey ni de un palmo de tierra, firmar el contrato y zarpó junto a su madre Aixa, su hermana y sus dos hijos Ahmed y Jusef desde el puerto de Adra en el mes de octubre de 1493. Morayma, su mujer, había muerto pocos meses antes sumiéndolo más aun en la melancolía. Le acompañaban los pocos amigos y sirvientes fieles que le quedaban.
Estatua de Boabdil, Alcázar del Genil
Para saber más: sobre la figura de Boabdil se ha escrito hasta la saciedad. Para la realización de esta entrada ha servido como bibliografía el libro de sabor romántico “Boabdil”, de Fidel Fernández, escrito en su casa de la Puerta del Vino de la Alhambra en 1937.  También recomendamos conocer la localidad de Laujar de Andarax (VER), que algunos consideran simbólicamente la última capital de Al-Andalus.

El Oficio de la Toma de Granada


Para situarnos en el contexto histórico de la España del siglo XV y  conocer los pensamientos y motivaciones de los principales participantes en la conquista de Granada tenemos un documento, de carácter más político que religioso, que nos puede aclarar el punto de vista castellano. Es el oficio “In festo deditionis nominatissime urbis Granate” u oficio de la Toma de Granada. Su autor es fray Hernando de Talavera, confesor de Isabel la Católica y primer arzobispo de Granada, uno de los personajes clave en la organización de la Granada pos islámica. Se estima, por la correspondencia conservada entre el arzobispo y la Reina, que fue compuesto entre 1493 y 1494  como acción de gracias por la rendición del último bastión musulmán en la península ibérica. Se conservan copias en un cantoral en el archivo parroquial de Santa Fe así como en el archivo de Simancas. El tipo de música utilizada, también atribuida a Talavera, es el canto llano. Esta pudo ser una de las razones que motivó que su utilización fuera muy breve en el tiempo, ya que cuando en 1516 se define el ceremonial del día 2 de enero la música polifónica había sustituido al canto llano en las celebraciones.


Un oficio eran las oraciones que la comunidad cristiana realizaba, rezadas o cantadas, a lo largo del día, siete en total culminando con la celebración de la misa, siendo diferentes según las distintas festividad. Si bien en un principio estas celebraciones eran eminentemente religiosas, en la sociedad teocrática de la Edad Media surgió la costumbre de conmemorar igualmente acontecimientos cívico-religiosos como este. Hay que tener en cuenta que cuando Talavera compone estos textos la mayoría de la población granadina profesaba aún la fe de Mahoma. Si bien el arzobispo cumplió escrupulosamente las clausulas de las Capitulaciones que permitían a los habitantes de la ciudad mantener su credo, no renunció a atraerlos a la que consideraba “Verdadera Fe” de motu proprio y no por la fuerza. Las lecturas y oraciones escogidas van encaminadas en este sentido. Dos son las ideas principales sobre las que gira el texto y que nos muestran la forma de pensar de aquel tiempo, la primera es la intervención directa de Dios en la rendición de la ciudad movido por la fe de los conquistadores. Así dice en la primera antífona “Celebremos el día solemne en que Dios…puso para sus hijos lo más alto de los enemigos como estrado de sus pies”. Señala además la perdida de la ciudad como prueba de la errónea fe de los musulmanes.

Fray Hernando de Talavera, Juán de Valdés Leal
La segunda idea es la necesidad de conversión y aceptación de los dogmas de la fe cristiana que como se afirma en el himno de laudes “frecuentemente niega el mahometano”, lo cual supone su condenación ya que “luchando el Verbo Supremo, mediante la diestra del rey Fernando, libera el Reino de Granada”. Como vemos, la Guerra se consideró como una nueva cruzada al estilo de las que en siglos anteriores habían intentado reconquistar Tierra Santa con la que el texto compara a Granada denominándola como la “nueva Jerusalén”, la “tierra prometida” que Dios ha arrebatado a los infieles para entregársela a sus hijos.

Estas ideas, que hoy en día chocan frontalmente con nuestra mentalidad, eran sin embargo en su día lo normal en ambos bandos. El error de quien critica  nuestra fiesta de la Toma reside en creer que con ella las reafirmamos. Los granadinos celebramos nuestro día de esta manera simplemente porque así lo hicieron nuestros antepasados, es lo que el diccionario de la Real Academia Española define como “Tradición”.

Para saber más: recomendamos la lectura del  texto del Oficio editado con comentarios de  Francisco Javier Martínez Medina, Pilar Ramos López, Elisa Varela  Rodríguez y Hermenegildo de la Campa. Del mismo modo, en los fondos de la Biblioteca Pública de Granada se conserva una interesante reproducción facsímil del original. 

Como curiosidad: el oficio fue grabado por Schola Antiqua en 2008 bajo la dirección de Juan Carlos Asensio con la producción de Eduardo Paniagua, pudiéndose escuchar en Spotify.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Mil Años

En el año 1013, el jefe  bereber Zawi ben Ziri se hacía con el control de los territorios que durante el Califato de Córdoba habían integrado la Cora de Elvira. La muerte del caudillo Almanzor en  1002 había provocado el estallido de una guerra civil de tres décadas que acabaría con la fragmentación de Al Andalus en los denominados reinos de taifas. Zawi funda ese año y se proclama rey de este nuevo reino que no conservó el antiguo nombre de la región, Elvira. La razón fue el traslado de la capital,  pasando de Medina Elvira al cercano y pequeño asentamiento que con el paso de los años llegaría a ser una de las ciudades más pobladas de Europa, Medina Garnata, que le dio nombre a partir de entonces.

Por tanto, en el año que empieza en tan solo unos días se cumplen mil años de la fundación de la Taifa Zirí que perduró 77 años hasta la invasión de los Almorávides, lo que supuso su desaparición como estado independiente en 1090. No se trata por tanto del reino nazarí de Granada, fundado en el año 1238 y que podemos considerar el periodo más largo y de mayor esplendor para Granada bajo el poder árabe hasta 1492 y luego castellano hasta 1833. Debemos diferenciar en el tiempo estos dos reinos, pero también en el espacio, siendo diferente la extensión y territorios ocupados por uno y otro. Su capital es el punto de unión de ambos periodos, y también la idea entorno a la que creemos debería girar la celebración, mil años de la capitalidad de Granada, que no de su fundación como hemos visto en anteriores entradas (Florentia Iliberritana, El castillo del Granado, Rimmon Sefarad). Sin embargo es innegable que 1013 es una fecha importante para la ciudad y el punto de inflexión a partir del cual comienza a prosperar hasta convertirse en lo que hoy es.

El descafeinado, oficialmente por las circunstancias que atravesamos, y mal llamado Milenio del “Reino” de Granada es una ocasión para profundizar en nuestra rica historia, pero sin olvidarnos de lo que hubo antes. Debe dolernos, y mucho, tener un Museo Arqueológico, que atesora gran cantidad de vestigios del periodo romano, cerrado por unas obras de rehabilitación que “ni están ni se las espera” en un futuro inmediato. Del mismo modo creemos que hubiera sido el mejor homenaje a la Granada de hace mil años poner en valor los restos arqueológicos de aquella época, la muralla zirí del Albayzín que sigue esperando una restauración que nunca llega o el solar que ocupó el palacio de sus reyes, por poner dos ejemplos, son la cara oculta de esta celebración que ofrece a nuestro juicio más sombras que luces. Pero, quedándonos con los aspectos positivos de la efeméride, es de esperar que algunos de los actos previstos para este 2013 que ahora comienza sirvan realmente para  conocer y profundizar más en la historia de la ciudad del granado.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Los Túmulos de la Catedral y la Real Capilla de Granada

Paño de luto regio,1768. Catedral de Granada
A pesar de que la muerte iguala al grande y al chico, lo cierto es que hoy como ayer las exequias del difunto sí que distinguen de clases sociales. Desde antiguo, la importancia que en vida se tuvo se ha reflejado en entierros y sepulturas. Hacemos hoy especial hincapié en las fastuosas honras fúnebres que celebró Granada entre los siglos XVI y XIX por los reyes de España, y de las arquitecturas efímeras, túmulos o catafalcos, que las presidían.  

Paño de luto regio, 1768. Catedral de Granada
Los túmulos regios estaban destinados a exaltar la gloria del soberano fallecido y de la monarquía, simulando su presencia física. Estos se construían en el presbiterio o en el crucero de la iglesia principal de cada ciudad, llegaron a adquirir una monumentalidad tal que las celebraciones se posponían varios meses para su preparación. La noticia del óbito se recibía a través de una Real Cédula que ordenaba la celebración de “lutos, honras y otras demostraciones de dolor”. Eran los cabildos civil y eclesiástico de la ciudad los encargados de su organización, cobrándose impuestos extraordinarios para sufragarlas. 

Paño de luto regio, 1768. Catedral de Granada
La Granada Moderna celebró con gran suntuosidad estos actos consistentes en “pregones públicos en Bibarrambla y Plaza Nueva, seis meses de luto y nueve días de tañer fúnebre de campanas y de colocar luminarias en los edificios”. Las “parentaciones regias” duraban dos días, en la víspera parroquias y conventos acudían a rezar responsos. Durante toda la noche el túmulo en el que se colocaban los símbolos reales, corona y cetro, permanecía iluminado por multitud de luminarias para ser visitado por el pueblo. Al día siguiente se celebraba, con asistencia de las instituciones, la misa real de difuntos y el sermón fúnebre y posteriormente se incensaba y asperjaba el túmulo. 
Túmulo de Isabel de Borbón, 1644
Catedral, obra de Miguel Guerrero
Fue Granada la primera ciudad española en construir “túmulos a lo romano”, para el recibimiento en 1539 del féretro de Isabel de Portugal, esposa del Emperador Carlos I. Pedro Machuca diseñó un templete de planta cuadrada con cuatro columnas y entablamento dórico y baldaquino piramidal. Para los funerales del Emperador en 1558 fue Diego de Siloé el encargado de su construcción en tan solo veinte días. Una disputa entre el Cabildo Catedralicio y el Concejo harán que a partir de entonces celebren por separado las exequias, el primero en la Catedral y el segundo en la Real Capilla, siendo desde entonces dos los túmulos con que contó Granada.

Túmulo de Isabel de Borbón, 1644.
Capilla Real, Luis de Orejuela
Con el Barroco el catafalco alcanza sus mayores cotas de complejidad y monumentalidad. La arquitectura se completa con pinturas, esculturas, emblemas e intrincados jeroglíficos. Los más celebrados en el XVII fueron los construidos para Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV, en 1644. El levantado en la Catedral alcanzaba 32 metros de altura con tres cuerpos, el primero cuadrado de orden dórico en el que se simulaba la tumba regía, el segundo ochavado jónico decorado con lienzos de heroínas bíblicas y el último circular corintio con lienzos de las Virtudes rematado por cúpula esférica y el jarrón de azucenas. No se quedaba atrás el de la Capilla Real de dos cuerpos, el primero circular con columnas helicoidales contenía la tumba sostenida por águilas, en el segundo ochavado las esculturas de las Bienaventuranzas y profetas, coronado por cúpula, la granada y la figura de la Fe.

Túmulo de Felipe V, 1746, Catedral
Obra de Alfonso José del Castillo y Puerta
Con el XVIII llega a España el Rococó de la mano de la nueva dinastía reinante. Para los funerales de Felipe V, en 1746, se levantó un túmulo de 33 metros de alto, con dos cuerpos ochavados de retropilastras con estípites. En el primero aparecían las figuras de todos los reyes de España, símbolo de unión con los Austrias. En el segundo el llamado “Teatro de la Muerte”, un esqueleto hollando trofeos. En el de Fernando VI, en 1759, fue novedad la figura alegórica del “Ángel del Apocalipsis”. Con el Neoclásico desaparecen las grandes figuraciones, entonces el cabildo catedralicio construye un túmulo permanente con forma de pirámide escalonada en cuya cúspide se situaba la tumba. En 1768 encarga al bordador Alejandro del Rubio la confección de ricos paños negros para cubrirlo, estrenados para las honras por Carlos III. Hoy se conservan en el museo catedralicio. 

Túmulo de Carlos III, 1789 
Capilla Real, autor anónimo
Entrado el XIX desaparece el oficio de la Real Capilla, si bien comienzan a hacerse por particulares en otras iglesias. El ocaso llegará a la par que el del Antiguo Régimen, el monarca ya no lo es por mandato divino y el túmulo deja de representar su santidad. Si bien fueron las de Fernando VII las últimas exequias reales que se oficiaron en Granada, el túmulo no desaparecerá del todo hasta los primeros años del siglo XX. Una instantánea de José Martínez Rioboó del dedicado al papa León X, en 1904, nos permite conocer como fue este.

Para Saber más: recomendamos el trabajo titulado “Arquitectura efímera y exequias reales en Granada durante la edad moderna. La ritualización de la muerte como Instrumentum Regni” de José Policarpo Cruz Cabrera contenido en el libro “Memoria de Granada” que ya citamos en la anterior entrada y que nos ha servido de bibliografía. Del mismo modo en la web de la Catedral se pueden ampliar datos sobre los paños de luto regio. 
Como curiosidad: un eco lejano de aquellos catafalcos podemos visitar hoy en día en la Basílica de San Juan de Dios. Se monta todos los años el día 2 de Noviembre para la conmemoración de los Fieles Difuntos.

miércoles, 31 de octubre de 2012

El Camposanto de Granada

“Parbus et magnus hic sunt”
“El pequeño y el grande aquí están”
Desde la Antigüedad, el hombre ha rendido culto a los muertos variando ritos y formas según las culturas. En la Granada musulmana, raudas y almacabras se situaban en lugares apartados como la del Albayzín, al pie del cerro del Azeytuno, o extramuros como la que existió ante la Puerta de Elvira, de grandes dimensiones. Caso aparte era la ruada real, en el interior de la ciudad palatina de la Alhambra, reservada a los soberanos granadinos. Ya en Época Moderna, los enterramientos se realizaban dentro de las propias iglesias o en sus alrededores con la esperanza de obtener la salvación del alma, lo que ocasionaba no pocos problemas higiénicos. 


Sera en 1787 cuando, por Real Cédula de Carlos III, se mande situar los cementerios en lugar apartado y bien ventilado. Las reticencias religiosas harán que no se lleve a efecto hasta ya entrado el siglo  XIX. En Granada, la epidemia de fiebre amarilla de 1804 hace que Tomás de Morla, comisionado de su Majestad, prohíba definitivamente el enterramiento en las iglesias. Al año siguiente se construyen cuatro cementerios siguiendo las indicaciones de una comisión médica: El de San Antonio en el Camino del Fargue, el de Armengol en el Cercado Bajo de Cartuja, el del camino de los Abencerrajes y el de las Barreras en “la Haza de las Escaramuzas” de la Dehesa del Generalife. 

Mausoleo de Rodríguez Acosta
Por su altura y la calidad de la tierra, este último fue el lugar más idóneo para los galenos. Aquel primer recinto, ejecutado de forma improvisada, no debió constar más que de un cercado perimetral con capacidad para 7000 enterramientos. En 1842, cerrados los otros tres, pasa a convertirse en cementerio municipal, el segundo más antiguo de España de titularidad pública, con el nombre de San José, patrón de la “buena muerte”. El arquitecto granadino Francisco Enríquez Ferrer realizó entonces un proyecto de inspiración parisiense para su ampliación que no cuajó por falta de presupuesto, pero si debió servir de referencia para la construcción de los patios Primero, al que se accede por la actual portada de 1892, y Segundo. Consistían estos en recintos ajardinados con paseos en cuarteles y diagonales con rotondas, con 5000 nuevas sepulturas.  Se sitúan delante y a una cota más baja del primitivo recinto que ocupan hoy el patio Tercero y el de la Ermita, en el que se construyó una capilla neorrománica en 1908 por la familia López Medina hoy en día destinada a las cenizas. Sin un proyecto unitario, el conjunto actual es el fruto de las sucesivas ampliaciones, quince patios más y una rauda islámica para enterramientos de la comunidad musulmana, que con el paso del tiempo se han ido realizando.   


Pero si por algo destaca es por las esculturas que decoran tumbas y mausoleos principalmente en los patios decimonónicos, predominando la temática religiosa que reproduce modelos de la escuela granadina. Menos abundantes son los retratos de los finados como el de Melchor Almagro, de Agustín Querol Subirats de 1893 o el relieve en bronce del pintor granadino Manuel Maldonado realizado por Miguel Moreno Romera en 1984. A la entrada unas guías gratuitas nos ayudarán a encontrar obras destacadas en las sepulturas de  familias como la de Fernández Osuna en la que el escultor Nicolás Prados López convirtió en 1963 la blanca piedra en sudario que cubre al difunto con asombroso realismo, o la sobriedad máxima que podemos ver en la de Ángel Ganivet. 

Cristo yacente, al fondo mausoleo de Melchor Almagro


Ángeles custodios, figura habitual, encontramos en las sepulturas de Seco de Lucena y Rodríguez Acosta esculpidas por Pablo Loyzaga y Enrico Butti respectivamente. Pero sin duda el taller que más trabajó en el cementerio fue el del escultor José Navas Parejo, muy prolífico durante la primera mitad del siglo XX. Otros recuerdan tragedias como el memorial a las víctimas del accidente aéreo de 1964 en Sierra Nevada. Mención aparte merece la del médico Manuel Rodríguez Torres, su dedicación al cuidado de los más necesitados hizo que su tumba fuera muy visitada tras su muerte en 1907. En esta, la imagen de un Cristo vaciado en cemento blanco que aparece de pie en actitud meditabunda ha alcanzado gran devoción y fama de milagroso entre los granadinos que lo conocen como “el Señor del Cementerio”. 


Pese a la reticencia que pueda causar el que un cementerio sea lugar de interés turístico, el nuestro aparte de cómo museo de escultura y memorial de granadinos anónimos e ilustres es también un encumbrado mirador sobre la ciudad, la sierra y la vega. Desde 2010 pertenece a la Ruta de Cementerios Históricos Europeos por su interés cultural. 

Para saber más: recomendamos la página web del propio Cementerio, que ofrece información para su visita. Muy recomendable es también el libro “Memoria de Granada, estudios entorno al Cementerio” compendio de trabajos de diferente temas y autores dirigidos por el profesor Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz, que en buena medida nos ha servido de bibliografía.

 Mausoleo de Seco de Lucena

viernes, 12 de octubre de 2012

Colón en Granada


“…después de Vuestras Altezas haber dado fin a la guerra de los moros que reinaban en Europa, y haber acabado la guerra de la muy grande ciudad de Granada, a donde este presente año a dos días del mes de enero, por fuerza de armas vide poner las banderas reales de Vuestras Altezas en las torre de la Alhambra…”
Cristóbal Colón, Diario de las derrotas y caminos

Para conmemorar el aniversario del descubrimiento de América, trataremos hoy la relación de Granada, no siempre tenida en cuenta como lugar colombino,  con el carismático Almirante de la Mar Océana. Por el diario de abordo que llevó en su primer viaje, sabemos que tuvo ocasión de ser testigo presencial de la toma de la ciudad. Algunos autores, sin pruebas de peso, lo sitúan antes de esto como integrante de los ejércitos cristianos en la guerra de Granada, incluso un romance de autor anónimo habla de su participación activa en la toma de Baza. Con seguridad no es más que uno de los numerosos episodios apócrifos sobre su vida. 

 
Más que probada está sin embargo su presencia en el real de Santa Fe, al que llega cuando, tras una primera entrevista en Córdoba en 1585 y varios años esperando el final de la guerra, había decidido ya partir para Francia donde esperaba que sus propuestas tuvieran mejor acogida. Las gestiones de fray Juan Pérez, prior de la Rábita y confesor de la reina, hacen que sea requerido en tierras granadinas en 1491. No ha de esperar aquí mucho más tiempo, ya que “las capitulaciones de la rendición de Granada y las de Santa Fe se escribieron con la misma pluma” en palabras de Washington Irving. Es esta ciudad, construida en ochenta días, la cuna del descubrimiento ya que como afirma el padre Las Casas, “y porque debieran los Reyes volver a la villa de Santa Fe hasta que les proveyeran sus aposentos reales de la Alhambra,…, comenzáronse dichos despachos en la dicha ciudad”. Al parecer se alojó en casa del Contador Mayor Alonso de Quintanilla, como un miembro más de la corte. Un último desencuentro hace a los Reyes mandar “que le dijeren que fuere en hora buena”, motivo que hace entrar en la historia colombina a la villa de Pinos Puente. Aquí “detuvieron los emisarios de los Reyes Católicos a Colón, cuando se decidió a desistir de sus planes de viajes amparados por aquellos, por desengaños y amarguras”, según Valladar. Este hecho lo sitúan los historiadores en los días anteriores a la firma del acuerdo, diecisiete de abril de 1492, ya que la Reina mandó que “con toda presteza entiéndase en hacer la capitulación y todos los despachos que Cristóbal Colón ser necesarios para todo su viaje”, marchando este a Sevilla el doce de mayo. 


Pero no será esa su última estancia en el reino, aunque en circunstancias muy distintas a su partida en 1492.  Retorna a Granada, donde se encontraba entonces la corte, el diecisiete de diciembre de 1500 tras haber sufrido la humillación de ser enviado de vuelta de su tercer viaje preso y despojado de sus títulos de virrey y gobernador por su cuestionada gestión en las Indias. Los Reyes lo habían liberado de prisión nada más pisar tierra en Cádiz pero su futuro era aún incierto. Aquí permanecerá casi un año, alojado en la Alhambra según Valladar, preparando su último viaje y escribiendo un libro conocido como de las “Profecías” .Aquí se firma también la real cédula que le devuelve las posesiones perdidas. A primeros de Octubre de 1501 parte por última vez de la ciudad a cuya vista firmó el documento que le hizo entrar en la historia.

Para saber más: en 1891, el alcalde de Génova escribió una carta a su homólogo granadino pidiendo información sobre la estancia del Almirante en nuestra ciudad ante la celebración del IV centenario del Descubrimiento. Contestó el regidor, Rafael Ruiz Victoria, que no existía documento alguno en los archivos pero que se comprometía a investigar el asunto. Para ello se convocó un concurso público del que salió ganadora la obra que nos ha servido de bibliografía, “Colón en Santafé y Granada”, escrita por el cronista de la provincia Francisco de Paula Valladar, exhaustivo y documentado estudio sobre este tema.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Decíamos ayer…



…del empeño, casi obsesión, de las autoridades de la Granada del siglo XVI por dotar a la ciudad de una identidad puramente cristiana en contraposición a cinco siglos de islamismo. Un claro ejemplo de este afán por llenar la vida e historia de la ciudad de contenido cristiano fue el Campo de los Mártires que vimos en nuestras últimas y lejanas entradas escritas allá por febrero de 2011. Retomamos ahora, con ánimos renovados, la andadura de este espacio con otro símbolo religioso de la ciudad, como es costumbre en estas fechas dedicaremos en los próximos días varias entradas al arte y la historia en torno a la Virgen de las Angustias. En siguientes entradas continuaremos abordando temas como los ya tratados y abriremos nuevas etiquetas, siempre relacionadas con el reino granadino ¿nos acompañan?

jueves, 27 de enero de 2011

El Carmen de los Mártires (III). El Convento de Carmelitas Descalzos



Al poco de la reconquista de la ciudad y de la liberación de los cautivos cristianos en las mazmorras alhambreñas, la reina Isabel mandó construir en la parte más alta de la loma de Ahabul, presumiblemente sobre un antiguo morabito árabe, una ermita dedicada a los cristianos que en este lugar perecieron. Fue erigida con el titulo de los Santos Mártires. El edificio, de amplias proporciones, se levantó con traza gótico-mudéjar, muy común en esa época, cubierto por una armadura igualmente mudéjar. Lo más sobresaliente de la ermita era  su retablo compuesto por diferentes pinturas en tablas que mostraban un crucificado, un descendimiento y varias escenas sobre cautiverios y martirios de santos: la lapidación de San Esteban, la degollación de San Hermenegildo, el asaeteado de San Sebastián, el cautiverio de San Marcelo Papa, la liberación de San Pedro y la de varios mártires franciscanos fallecidos en esta colina que ya vimos en la anterior entrada. Manuel Gómez-Moreno atribuye como autor de estas tablas a Juan Ramírez, artista afincado en Granada en la primera mitad del siglo XV y que además de pintor de retablos fue iluminador de libros de coro de la seo granadina, cinco de estas tablas todavía hoy se conservan en el Museo de Bellas Artes. Por Real Decreto del emperador Carlos I, la ermita fue anexionada para su jurisdicción y administración a la Capilla Real el 6 de diciembre de 1526.

En 1567 llega la orden carmelita a Granada instalándose en una casa de pequeñas dimensiones en la Cuesta de Gomerez. Su incomodidad haría que al poco tiempo los monjes hicieran numerosas gestiones para trasladarse a otro lugar. Tras pasar por las Alpujarras, el capitán general del Reino de Granada y alcaide de la Alhambra, el conde de Tendilla, les animó y apoyó para que se instalasen en  dicha ermita. Finalmente, en 1573, se llegaría a un acuerdo con el cabido de la capilla real para que el prior,  Fray Baltasar de Jesús Nieto, junto al número limitado de tres monjes, aunque luego se aumentaría a treinta, ocupasen el llamado Campo de los Mártires.  Bastantes penurias pasarían en sus primeros años en este lugar puesto que a la falta de espacio, todos los monjes estaban instalados en las pequeñas dependencias de la casa del capellán, se le unía la falta de recursos económicos y de abastecimiento de agua a causa de un conflicto con el cabildo de la Capilla Real. En varias ocasiones pensaron marcharse del lugar detenidos por la persistencia del conde de Tendilla hasta que el 31 de Mayo de 1579 los terrenos fueron independizados de la capellanía real y adscritos al Rey Felipe II quien tres años antes les había concedido mediante Real Cédula dos reales de agua para su abastecimiento.


Así, con mejores condiciones para su dedicación, los monjes comienzan la construcción del Convento de Carmelitas Descalzos de los Santos Mártires. En la plataforma de Ambrosio de Vico queda constancia de cómo fue este primer convento, los monjes aprovecharon el perímetro de la muralla que cercaba las antiguas mazmorras para circundar las huertas y las dependencias monacales con un gran patio ajardinado se levantaron a la derecha de la primitiva ermita la cual tenía en su frente una prominente cruz de piedra. En 1587 se construyó un acueducto que traía el agua del Generalife y un gran estanque, todavía conservados. En este tiempo fue prior del convento de 1582 a 1588 el místico abulense San Juan de la Cruz. En su estancia en Granada completaría algunas de sus obras maestras como “Cantico Espiritual”, “Llama de Amor Viva”, “Subida del Monte Carmelo” y “Noche Oscura del Alma” de la que se dice que se inspira en el paisaje que el santo pudo contemplar desde el Campo de los Mártires. También es tradición la creencia de que el mismo plantó un cedro que todavía hoy se alza exuberante conocido como “el cedro de San Juan de la Cruz”.


Entre 1614 y 1620 se levanta un nuevo convento más espacioso para el cual serían derribadas las anteriores celdas. Su construcción, como la del anterior edificio, seria acometida por los propios frailes. La principal novedad era la nueva iglesia sobre la antigua ermita que solo sufrió el derribo de uno de sus muros para transformase en sala capitular. Esta se situaba a los pies del templo sobre la que se alzaba una espadaña. La planta del templo era de cruz latina de una sola nave, sobre el crucero se elevaba una cúpula y a su lado izquierdo se situaba una hermosa capilla octogonal perteneciente a la hermandad de penitencia de Jesús Nazareno y Santa Elena, corporación fundada a la par que el convento y que hacía estación de penitencia en la Catedral en la madrugada del Viernes Santo con una imagen de Pablo de Rojas que se conserva en la iglesia de la localidad vecina de Huétor-Vega. El resto de dependencias de los mojes se disponían  en torno a dos patios, el primero, hermosamente decorado, fue modelo para posteriores conventos carmelitas  de toda la geografía española. El claustro se organizaba en torno a una fuente central rodeado por arcadas de veinte columnas y galerías abovedadas. El segundo era más austero en arquitectura pero más agraciado en panorámica pues desde el mismo se podía observar la vega y la sierra. A su vez la vista del conjunto desde la ciudad debería de ser majestuosa pues el desnivel del terreno hacía que las distintas dependencias estuvieran a diferentes alturas dándole un aspecto de grandeza.  Delante de la fachada principal se abría un amplio paseo de frondosos álamos y en donde se situaban una serie de cruces que conformaban una vía sacra. En el paseo central del bosque de la Alhambra, junto a la fuente del Tomate se conserva una de estas cruces. Esta en especial fue donada por el conde de Tendilla en 1641 junto a la columna y capitel nazarí donde se posa.


Pasarían los años con la tranquilidad propia de estos recintos para la orden hasta la invasión napoleónica de  1810 en el que fueron expulsados los frailes y utilizado como cuartel, fortificándose la colina y enlazando las murallas con las de la Alhambra. Tras la marcha de los franceses fue usado como pabellón de inválidos y posteriormente exclaustrado en 1835. Solamenteo siete años más aguantaría en pie el edificio hasta que fue finalmente demolido en 1842. Pero no queremos terminar este capitulo dedicado al enclave que ocupó la orden carmelita sobre la colina de los Mártires con este triste acontecimiento, sino con los bellos versos que el lugar inspiraría al santo de la mística:

En mi pecho florido,
que entero para él se guardaba,                                                                                 
allí quedó dormido,                                                                                                   
y yo le regalaba,                                                                                                        
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,                                                                                                  
cuando yo sus cabellos esparcía,                                                                               
con su mano serena                                                                                                  
en mi cuello hería,                                                                                                     
y todos mis sentidos suspendía.