lunes 30 de noviembre de 2009

Crónicas Moriscas (II). Sierra Nevada y las Alpujarras



“Él había observado hacia el lado de levante una alta cadena de montañas elevándose hacia el firmamento y coronada de brillantes copos: eran las llamadas montañas del Sol y del Aire, y las nieves perpetuas de sus cimas daban nacimiento a los ríos que fertilizan sus llanuras: en sus senos o cuencas, aprisionados entre riscos y precipicios había muchos pequeños valles de gran belleza y abundancia”.


Así describe Washington Irving la comarca de la Alpujarra y Sierra Nevada en su libro “Crónicas Moriscas” continuando el capítulo de la conquista de Granada por parte de los ejércitos de la media luna que vimos en la entrada anterior. Rendida la capital, este fue el siguiente objetivo del conquistador Tarik que no consideraba su victoria completa sin antes haber “sometido aquellas altivas montañas” por lo que marchó con su ejército hacia allí.

Sigue narrando W.I. como avanzó Tarik sin oposición alguna hasta alcanzar un desfiladero que llama “Barranco de Tocos” y asocia al puente del actual rio Tablate. Fue en este angosto paso donde los musulmanes cayeron en una emboscada, aprovechando los defensores la escarpada orografía del terreno para cogerlos por sorpresa, teniendo que retirarse. No escatima palabras nuestro narrador para describir la rabia que el gran conquistador de ciudades sintió al verse sobrepasado por simples campesinos y montañeses. Pero su objetivo llegaría finalmente a cumplirse por medio de la traición de uno de aquellos pobladores que vendió su tierra a cambio de la protección de los conquistadores. Para él, aquí se ve bien el uso del personaje de fray Antonio Agápida, no se escatiman adjetivos despectivos como miserable o traidor. Guiados por este y a las ordenes de un capitán llamado Ibrahim Albujarra, envió Tarik parte de su ejército hasta el puerto de Adra desde donde penetraron en aquellas tierras asolándolo todo a su paso.

Termina W.I. el relato de esta conquista con la capitulación de los valerosos habitantes de la serranía por parte de su obispo Centerio, el cual consigue que se respeten a los vencidos posesiones y religión a cambio de un tributo. La región queda a partir de entonces al mando de aquel capitán conocido como Albujarra. Para Irving este personaje es quien da el nombre de Alpujarra a la comarca, si bien esta afirmación no es sino una de las muchas hipótesis sobre su origen. Otros posibles significados que se manejan son “la tierra de pastos”, “la fortificada” o “la rencillosa”, que personalmente creemos más apropiados. No obstante afirma que algunos de los pobladores siguieron resistiendo por largo tiempo el someterse escondiéndose en los valles situados entre las cimas de las montañas. A medio camino entre la verdad y la leyenda nos ha dejado Washington Irving estos relatos de cómo las tierras granadinas pasaron a manos del Islam, terminando con una frase que la historia misma de la comarca, ejemplo de ello es la época morisca, ha cargado de razón: “la sierra de las Alpujarras ha sido siempre una de las regiones de Andalucía más difíciles de dominar”.

domingo 15 de noviembre de 2009

Crónicas Moriscas (I). La conquista de Granada por los árabes



Las investigaciones de Washington Irving (W.I.) mientras escribía la vida de Colón le hicieron concebir un nuevo tema de inspiración, Al-Andalus. Ya hemos visto que desde pequeño sintió atracción por las historias de caballerías, de las que la patria de Cervantes fue una fuente inagotable. La parte de la vida del Almirante que se desarrolla paralela a la conquista de Granada hizo renacer esa fascinación que sentía desde que leyera la traducción al inglés de “Las guerras Civiles de Granada”, de Ginés Pérez de Hita.

Los frutos de ello serán dos libros. El primero, llamado “Crónica de la conquista de Granada”, es una novela basada en los textos de diferentes autores como el citado Pérez de Hita, Mármol de Carvajal o Hurtado de Mendoza, de las que selecciona los episodios que cree más interesantes y verosímiles de los últimos años del Reino Nazarí. Él mismo reconoce haberlos “embellecido, hasta donde me ha sido posible, por la imaginación, y adaptado a los gustos románticos del día”. Es esta una forma de novelar la historia que le dio gran éxito entre el público, a la par que críticas entre sus detractores. Vio la luz este libro en 1829, siendo un rotundo éxito en Europa y América. Posteriormente publicaría “Crónicas Moriscas”. En el se narran episodios sueltos de la historia de la península: los últimos reyes godos, la conquista del Islam, los reinos castellanos, Fernando III, etc. La narración se envuelve igualmente del espíritu romántico y la leyenda se confunde con la historia. Se vale W.I. en ambos libros de un narrador imaginario que llama Fray Antonio Agápida, llega a escribir que se basan en un supuesto manuscrito de este cronista medieval español. En verdad no existe tal cronista, sino que es un recurso que utiliza para introducir hechos fantásticos, mitológicos o intervenciones divinas en la narración de los reales, poniendo los imaginarios en boca del fraile. Claro ejemplo del carácter romántico de W.I. es la narración que, en “Crónicas Moriscas”, hace de la fácil conquista por parte de Tarik, el general bereber líder de la invasión musulmana en la península, de las tierras granadinas. Así describe la ciudad y entorno:

“Después de internarse algo en el país, Tarik llego un día a una vasta y bella llanura entremezclada de aldeas, engalanada con alamedas y jardines, surcada de sinuosos ríos y circundada por encumbradas montañas. Era la famosa vega o llanura de Granada, destinada a ser, durante siglos, la residencia favorita de los musulmanes. Cuando los conquistadores contemplaron aquella deliciosa vega, quedáronse perplejos de admiración, porque parecía como si el profeta les hubiera dado un paraíso en la tierra en recompensa de los servicios prestados a su causa. Tarik se aproximó a la ciudad de Granada, la cual tenía un aspecto formidable, asentada como estaba sobre elevadas montañas y fortificada con murallas y torres góticas, y por su castillo rojo o ciudadela construido en tiempos antiguos por los fenicios o por los romanos. Cuando el caudillo árabe contempló la plaza le agrado su severo aspecto marcial, que contrastaba con la risueña belleza de la vega y la frescura y voluptuosa abundancia de sus valles y collados”.

Como vemos la descripción se corresponde más con la imagen que presentaba Granada en el siglo XIX que con la del año 711, fecha en la que no está claro siquiera cuál era el asentamiento principal. Lo excusaremos por la poca o errónea información que existía en su época sobre la evolución histórica de la zona, asunto que como hemos visto ya (Florentia Iliberrita, Medina Elvira) aun es objeto de discusión entre los expertos. Aun así, en ello reside su encanto, se nos presenta como la visión de uno ojos enamorados de esta tierra.

lunes 9 de noviembre de 2009

El Castillo de Zoraya




Bien pudiera identificarse este castillo que hoy visitamos como la causa de que los ejércitos de la cruz pusieran fin a la presencia del Islam y de su cultura en el reino granadino y con él al fin de Al-Andalus. Y es que esta fortificación fue levantada por el capricho de una hermosa mujer que el destino hizo que se cruzara en la vida de la familia real nazarita y a su vez que influyera en las decisiones de los últimos años de vida del Reino de Granada.

En agosto de 1464 accede al trono Abū al-Hasan 'Ali ben Saad conocido como Muley Hacen tomando como esposa a su prima Aixa y madre de Boabdil. Comenzó gobernando sobre Granada en un tiempo de relativa paz en Granada y con los reinos cristianos, por ello probó su actitud en la guerra tanto en la organización de contiendas como en responder a los ataques castellanos saliendo constantemente victorioso y con ello su reputación sobre el pueblo aumentaría. En una de estas batallas cayó prisionera una hermosa joven cristiana llamada Isabel de Solis que fue entregada al sultán como esclava. Sin embargo el rey quedó enamorado de la belleza de la desgraciada y hermosa mujer, por ello decidió tomarla como esposa seduciéndola con todos los placeres y delicias que la sultana de un monarca podría poseer. Así, continuamente el rey presentaba a la joven ante el pueblo como Zoraya, que significa lucero de la mañana, y la proclamaba sultana ante los ojos de la rencorosa Aixa que empieza a planear la venganza. Muchos eran los favores que Muley Hacen le hacía a su amada que vivía llena de felicidad dentro de los palacios reales de la Alhambra incluso mandó construir un castillo en el centro del valle donde el profeta Mahoma colocara todas las alegrías y placeres de este mundo, en Lecrín. Una a una le enseñaría el monarca a Zoraya las hermosas estancias y frescos y bellos jardines del castillo mientras que en Granada, Aixa prepara la rebelión contra Muley Hacen para poner en el trono a su hijo Boabdil.


Al volver el rey de su nuevo castillo de Lecrín se encontró con que su ciudad se encontraba en batalla entre lo que apoyaban a Muley y los que defendían a Boabdil siendo este último el que saldría victorioso siendo el nuevo rey de Granada y haciendo emigrar a su padre Muley junto a Zoraya a su castillo recién construido. Pero poco tiempo estaría el rey aquí ya que algunos grandes señores de Baza y Almería le ofrecen su apoyo para reconquistar el trono arrebatado por su hijo Boabdil. Y de nuevo las calles de Granada se ensangrentaron por la lucha venciendo en esta ocasión los de Muley, Boabdil resignado se marcha a la frontera a luchar contra los cristianos donde es hecho prisionero en Lucena. Tras esto Granada volvió a vivir un pequeño tiempo de estabilidad en el que tuvo lugar el enlace oficial entre Muley Hacen y Zoraya donde la alhambra ofrecía el espectáculo mas grandioso que nunca pudo presentar siendo Aixa repudiada definitivamente.


Mientras tanto Boabdil es liberado de su prisión en Lucena tras un pacto con los reyes católicos y vuelve a la frontera granadina para planear su vuelta al trono aunque ya contaba con pocos partidarios a su causa, aún así decide rebelarse ante su padre Muley saliendo derrotado de nuevo Boabdil y marchando junto a su madre Aixa a unas tierras de Almería que Muley le había ofrecido. Zoraya ya no era tan feliz como antes, tras haber observado en varias ocasiones las luchas internas de la ciudad y el horror de la muerte entre hermanos quedó apenada, por ello el viejo rey para halagarla mandó una contienda por tierras de Utrera y Ronda de la que fue desgraciada para los moros y como causa hundió aún más los abatidos ánimos de Zoraya, por ello ante los malos tiempos que se avecinaban ante el avance de las tropas cristianas, la sultana pidió al rey que abdicase y que colocase en el trono a su hermano Abdalá el Zagal con el que se acabarían las luchas internas y Muley y su esposa pudieran vivir en paz en su castillo, donde poco tiempo después el viejo rey moriría en 1484 pidiéndole a Zoraya que fuera enterrado en el cerro más alto de su reino, y así su cuerpo fue llevado al pico que lleva su nombre.
Ocho años después de la muerte del monarca la situación del reino tanto interior como exterior había cambiado por completo. Boabdil consigue más apoyos tras la muerte de su padre y se alza poderoso en contra de El Zagal derrocandolo del trono en una lucha que duró tres años y debilitó en demasía el reino. Pero un enemigo más dispuesto amenazaba a la completa ruina del imperio de Alhamar. El atrevido reto que en su tiempo hiciera Muley Hacen iba produciendo su efecto y la cruz de Castilla avanzaba sin piedad hacia Granada hasta ser rendida. En las capitulaciones Boabdil se acordó de Zoraya y sus hijos para quienes se le reservó sus riquísimas posesiones. Zoraya volvió a adoptar la fé cristiana con su antiguo nombre Isabel, al igual que sus hijos tomando los apellidos de la ciudad que los vio nacer y siendo los ascendientes de una noble familia. Los dolorosos recuerdos del pasado hizo que Isabel tuviera que abandonar el castillo construido en el mismo paraíso y que tantos momentos de felicidad le había ofrecido en tiempos en el que era la misma sultana del Reino de Granada, muriendo al fin en un pequeño pueblo de Castilla. El castillo tras pasar por varias manos fue olvidado para que la acción del tiempo lo llevara a la ruina actual.

En pleno corazón del Valle de Lecrín se encuentra la localidad de Mondujar dentro del municipio de Lecrín. A 600 metros al este de la población se localiza el cerro de El Castillejo donde se encuentra a 900 metros de altitud el castillo de Zoraya. La fortificación es de planta poligonar irregular adaptándose al terreno siendo parte de sus murallas la roca natural. Actualmente se conserva el acceso al recinto, se trata de una puerta en rampa con doble recodo dentro de una torre de la que conserva la escalera al primer piso aunque debió tener más altura. Al lado de esta torre en el exterior se conserva un gran aljibe con los arranques de la bóveda y restos del pasadizo desde donde se recogería el agua para el castillo. Además se conserva tramos de la muralla que desde la puerta de acceso parte en dirección Oeste hacia un espolón rocoso donde también existen restos de una torre y otro aljibe más pequeño, toda la costrucción esta fabricada con mampostería de piedra.



Paradogicamente una cruz preside la cima del castillo de los que pocos son los los fragmentos que atestiguan la grandeza que tuvo este recinto pero que recuerda de manera más o menos brillante las pasadas glorias de aquella civilización y de aquél poder. Restos que han sido testigos de luchas, de jardines de ensueño y de miradas hacia un paisaje que transmite el regocijo interior prueba de que aquí tuvo asiento el amor más caprichoso pero no imposible y que tuvo como consecuencia la desaparición de la última morada árabe en la península.

sábado 31 de octubre de 2009

Cristóbal Colón visto por Irving

Resulta curioso que sea la figura del descubridor de América, la razón para que un americano como Washington Irving (En adelante W.I.) “descubriera” España. En 1825 pasaba el autor por un bache económico y literario por la mala aceptación el año anterior de una obra de temática alemana, es en esta época cuando comienza a estudiar español con el propósito de leer a los clásicos del Siglo de Oro. Parece sonreírle la fortuna cuando Alexander H. Everett, embajador estadounidense en Madrid, piensa en él para llevar a cabo la traducción al inglés de una obra reciente del historiador español Martín Fernández Navarrete titulada “Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde el siglo XV”, compendio de documentos recopilados por este. Acepta W.I. el encargo sin saber claramente cuál será su cometido y viaja desde Burdeos a Madrid en 1826 como agregado de la embajada, pero pronto se dará cuenta de la imposibilidad de transcribir literalmente los documentos históricos y concibe la idea de investigar el mismo y realizar un texto asequible al gran público.

Año y medio dedicará en exclusiva a la ardua labor de redactar un libro al que una vez pasado a limpio no se resiste a hacer numerosas anotaciones, llega a decir que “jamás tuve idea del lio en el que me metía cuando lo empecé”. Será en este tiempo cuando surja la idea de una nueva obra dedicada a la conquista de Granada lo que le llevará poco después a conocer el sur peninsular. Fiel a sus principios, W.I. no atosiga al lector con enumeraciones de datos sino que trata de narrar la vida del marino desde su misterioso origen de forma distendida. Se sirve para ello de testimonios como los de Bartolomé de las Casas o Hernando, hijo de Colón, de los cuales obtiene por ejemplo la siguiente descripción física del Almirante: “era alto, bien formado, musculoso…Tenía el rostro largo y ni lleno ni enjuto; era blanco, pecoso y algo colorado; la nariz aguileña; altos los huesos de las mejillas; los ojos grises claros…el conjunto del semblante lleno de autoridad. Los cabellos rubios en su juventud…. se le habían encanecido muy pronto y a los treinta años ya estaban del todo blancos”.
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Esta vida novelada de Colón es pues un trabajo minucioso y detallista al describir sus orígenes, sus estudios, su vida pública, sus viajes y descubrimientos, su vertiginoso ascenso y caída. Pero también aspectos íntimos de su familia, sus creencias y su personalidad. Es interesante una de las anotaciones finales del libro con respecto al carácter de Colón. Aquí el autor lo define como ingenioso e inventivo, de ambición elevada, “deseaba las dignidades y opulencia al igual que la fama, pero todas ellas debían salir de los territorios que conquistara”, justa condición para alcanzar la gloria. Quizás se ve un excesivo ensalzamiento de las virtudes sobre los defectos. De su relación con Granada, escribe W.I. que esta fue la causa que mas retrasó el acuerdo con la Corte española. A ella se presentó y propuso su viaje en 1486, pero entonces todos los esfuerzos iban encaminados a la guerra y hubo de esperar hasta la conquista del último reino musulmán de la península, de la que fue testigo de excepción. Será en Granada también donde se celebren las capitulaciones, el 17 de abril de 1492 se firmaban en el Real de Santa Fe los acuerdos por los que Castilla, que no Aragón, concedía a Colón el título de Almirante y Virrey de las tierras descubiertas, la décima parte de los beneficios y jurisprudencia en todo litigio en el tráfico de mercancías, a cambio Él se haría cargo de una octava parte de los gastos de la preparación del viaje. Trato favorable para el marino pero en el que arriesgaba vida y fortuna en caso de fracaso. Interesante biografía decimonónica que cuenta con una segunda parte dedicada a los otros descubridores coetáneos de Cristóbal Colón.

viernes 23 de octubre de 2009

El Agua de la Vida


Conocida es la predilección que han tenido a lo largo de los tiempos las distintas civilizaciones por la tierra del granado en fruto, por su situación y por los diferentes recursos que aquí se encuentra como la fértil Vega o el agua cristalina que baja de la sierra. Pero quienes prestaron especialmente atención a este regalo que inunda todas nuestras tierras fueron los árabes, para ellos Granada era como un oasis en medio del desierto y su agua un tesoro que proteger y dignificar.

Por ello la vida de los musulmanes granadinos la marcaba ese preciado bien y allá por donde transitaran siempre iban al encuentro del agua. Esta, a parte de ser fundamental para la vida, también sirve para crear belleza, su discurrir además está cargado de simbolismo. El elemento más repetido de los palacios granadinos, a excepción claro está de la piedra y el ladrillo, de la filigrana y de la profusa decoración, es el agua. Sin el agua no se puede comprender la ciudadela alhambreña, esta hace que los palacios tengan esa dimensión de eternidad y grandeza. Toda vivienda nazarí se dispone siempre alrededor de un patio con una alberca pequeña en las casas de la medina o grandes y majestuosas en los palacios reales.

Estos estanques hacen que el agua se convierta en un espejo maravilloso donde todo toma una doble dimensión, la historia de civilizaciones milenarias se refleja en la alberca con precisión milimétrica dando sensación de eternidad. Junto a estas albercas, en sus extremos, suele haber una pequeña taza casi a nivel del propio suelo con una gran carga simbólica. Estas fuentes circulares representa el proceso vital de todo ser vivo, el surtidor semeja la explosión del nacimiento que al caer se desparrama en un ancho círculo símbolo del crecimiento y de la continuación de la vida, rápidamente primero, lentamente al llegar a sus extremos. Una vez que ha ocupado toda la taza correrá lánguidamente por el estrecho canal de la muerte para, por fin, terminar derramándose en el gran estanque central, la eternidad, el cielo, el más allá, o como queramos llamarlo. Todo un ejemplo de la importancia que tiene el agua para el Islam y más en una ciudad donde los vergeles forman un todo indivisible con el paisaje.

jueves 15 de octubre de 2009

El Valle de la Alegría


Así llamaron los musulmanes al Valle de Lecrín pero bien pudiera ser el adjetivo para describir esta tierra, una de las más bellas del Reino de Granada. El nombre Lecrín, como es más conocido el valle, deriva de la voz árabe "Iqlim" que significa precisamente región, distrito o comarca. A medio camino entre la costa y la capital, el viajero se encuentra con una depresión de frondosa vegetación delimitada por cadenas montañosas, al Noreste sobresalen Sierra Nevada y Las Alpujarras, también limita con otras sierras como la de los Güájares al Sur. En la actualidad lo componen varios municipios: Dúrcal, Padul, Albuñuelas, Nigüelas, algunos de los cuales son el resultado de la unión de pequeños pueblos como Lecrín; que integra Acequias, Chite, Béznar, Mondújar, Talará y Murchas. El Valle; formado por Melegís, Restábal y Saleres. El Pinar: Pinos del Valle, Ízbor, Acebuches y Tablate. Y finalmente Villamena: Cónchar y Cozvíjar. Casi una veintena de poblaciones de las cuales algunas no son más que un pequeño grupo de casas alrededor de la plaza de la iglesia, imagen que recuerda a las antiguas alquerías que les dieron origen.



Existen evidencias de la existencia de asentamientos humanos desde la prehistoria y de los primeros poblados íberos. Posteriormente, con la llegada de los colonizadores fenicios a nuestra costa será punto de comunicación con la Vega. Más datos hay de la presencia del Mundo Romano en estas tierras, así lo atestiguan las termas descubiertas en Talará. Pero será con la llegada del Islam cuando alcance mayor desarrollo, siendo una de las comarcas que integren la Cora de Elvira. Especial importancia defensiva tendrá en el periodo nazarí en el que se construyen numerosas fortalezas y torres que aun no estando en tierra fronteriza se distribuyen por la comarca de forma similar. Varias fueron sus funciones, unas como refugio de la población, otras como asentamientos de tropas. La zona fue de gran importancia estratégica en las guerras civiles entre nazaríes así como en las de la Reconquista. Posteriormente, por su cercanía a la Alpujarra, también fue plaza fuerte en las insurrecciones moriscas del siglo XVI.


Pero quizás uno de sus más preciados tesoros es el Agua. Tres son los ríos principales que lo surcan, el Dúrcal, el Torrente y el Albuñuelas, sus aguas nacen de las nieves de la vertiente Sur de Sierra Nevada precipitándose en abruptos torrentes hacia el valle. De su unión se forma el rio Ízbor que desemboca finalmente en el Guadalfeo. También hay que destacar la presencia del pantano de Béznar, construida su presa entre 1977 y 1985 en un tajo llamado "el salto del lobo", tiene una capacidad de 56 Hm3. Como se puede comprobar paseándolo, el agua es fundamental para que Lecrín sea un vergel al Sur de Granada. La abundancia de esta ha favorecido una agricultura fundamentalmente de regadío, ya que sus muchos cauces fluviales, riachuelos y manantiales han favorecido el cultivo de cítricos, especialmente de la naranja. Por ello no es de extrañar el encontrarnos con una compleja red de acequias a lo largo de los campos de labor, atravesando incluso las propias poblaciones. Podríamos decir, escuchando el murmullo del agua al desparramarse entre las piedras de sus montes, que esta brota y corre por el Valle con la limpieza y frescura de una risa. Bien pudiera ser esta la razón que llevo a sus pobladores a llamarlo el Valle de la Alegría. Hoy en día el turismo rural se ha convertido en una de las más importantes actividades económicas de la zona y la práctica del senderismo es una actividad especialmente recomendada, existiendo diversas rutas que recorren el valle a la sombra de los restos de las fortalezas que se levantaban en siglos pasados sobre sus cerros. Próximamente iremos conociendo algunas de ellas.
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domingo 11 de octubre de 2009

Washington Irving. Un americano en Granada

Nace en 1783 en Nueva York, último de una acomodada familia de once hermanos. Pese a estudiar Derecho, siempre manifestó interés por la literatura dentro de la cual se vio influido por la corriente del Romanticismo como queda patente en su obra. El hecho de haber nacido escasamente diez años después de la declaración de independencia americana, convierten a Washington Irving en uno de los primeros escritores de este país así como en uno de los más renombrados. Su obra es variada, desde historias de terror como “La Leyenda de Sleepy Hollow”, llevada al cine por Tim Burton, hasta biografías de personajes históricos tan importantes como George Washington o Mahoma. A modo de curiosidad comentar que fue el padre del sobrenombre “Gotham” de la ciudad de Nueva York, famoso por la saga Batman, que aparece en el periódico “Salmagundi”. Pero será como historiador donde más relación con España tenga. Aunque sus textos nunca aparecerán en los libros de historia, si rebosan de la frescura y pasión de la leyenda mezclados hasta confundirse con los hechos verídicos.

La predilección que siente por España y sobre todo por su historia y su literatura es algo que no esconde Irving, afirmando que “desde que en mi lejana infancia recorrí por primera vez las páginas de la vieja y caballeresca historia apócrifa de Ginés Pérez de Hita sobre las guerras civiles de Granada y las luchas de sus valientes caballeros Zegríes y Abencerrajes, fue siempre esta ciudad objeto que despertó mis sueños”. En esta frase destaca a Granada como lugar de su interés. Sus escritos sobre la “Vida de Cristóbal Colón”, las “Crónicas Moriscas” o las de “la Conquista de Granada” dan testimonio de esta fascinación y nos revelan su faceta como hispanista. Sus conocimientos de nuestro país motivaron que fuera enviado a España para investigar sobre el descubrimiento de América por medio de la embajada estadounidense. En esta delegación ocupo diferentes cargos a partir de 1826, siendo nombrado embajador en Madrid en 1842.

Este largo periodo de estancia en nuestro país le permitió realizar diversos viajes por su geografía en los que pudo profundizar en la historia de los antiguos reinos castellanos. Su especial interés por la faceta musulmana de esta lo atrajo hacia el sur y junto a otras ciudades como Sevilla o Córdoba a la nuestra. Llega a Granada por primera vez en 1828 para pasar unos días, un año después regresará para pasar una larga temporada en la que se alojará en la misma Alhambra y que dará origen a sus célebres cuentos. Durante este tiempo investigará sobre el pasado de la ciudad en la biblioteca de la Universidad, pero también se mezclará con el pueblo para conocer las tradiciones locales que chocan sobremanera en la forma de ver las cosas de un cosmopolita del siglo XIX. Será también importante en su obra la relación con los “hijos de la Alhambra”, sus convecinos, de los que recoge las leyendas que luego narrará en la obra que inicialmente se llamó “La Alhambra: una seria de cuentos y leyendas de moros y españoles”, publicada por primera vez en ingles en 1832. Sus obligaciones diplomáticas interrumpen la estancia de Irving en la fortaleza roja, pero ello no impedirá que mantenga el contacto con Granada hasta su regreso a Norteamérica. En sucesivas entradas haremos un recorrido por la obra de Irving relacionada con Granada, especialmente en los cuentos de este ilustre visitante de nuestra ciudad.

Recomendado: Exposición “Washington Irving y la Alhambra. 150 Aniversario”, en la capilla y cripta del Palacio de Carlos V hasta el 28 de Febrero de 2010.