“Él había observado hacia el lado de levante una alta cadena de montañas elevándose hacia el firmamento y coronada de brillantes copos: eran las llamadas montañas del Sol y del Aire, y las nieves perpetuas de sus cimas daban nacimiento a los ríos que fertilizan sus llanuras: en sus senos o cuencas, aprisionados entre riscos y precipicios había muchos pequeños valles de gran belleza y abundancia”.
Así describe Washington Irving la comarca de la Alpujarra y Sierra Nevada en su libro “Crónicas Moriscas” continuando el capítulo de la conquista de Granada por parte de los ejércitos de la media luna que vimos en la entrada anterior. Rendida la capital, este fue el siguiente objetivo del conquistador Tarik que no consideraba su victoria completa sin antes haber “sometido aquellas altivas montañas” por lo que marchó con su ejército hacia allí.
Sigue narrando W.I. como avanzó Tarik sin oposición alguna hasta alcanzar un desfiladero que llama “Barranco de Tocos” y asocia al puente del actual rio Tablate. Fue en este angosto paso donde los musulmanes cayeron en una emboscada, aprovechando los defensores la escarpada orografía del terreno para cogerlos por sorpresa, teniendo que retirarse. No escatima palabras nuestro narrador para describir la rabia que el gran conquistador de ciudades sintió al verse sobrepasado por simples campesinos y montañeses. Pero su objetivo llegaría finalmente a cumplirse por medio de la traición de uno de aquellos pobladores que vendió su tierra a cambio de la protección de los conquistadores. Para él, aquí se ve bien el uso del personaje de fray Antonio Agápida, no se escatiman adjetivos despectivos como miserable o traidor. Guiados por este y a las ordenes de un capitán llamado Ibrahim Albujarra, envió Tarik parte de su ejército hasta el puerto de Adra desde donde penetraron en aquellas tierras asolándolo todo a su paso.
Termina W.I. el relato de esta conquista con la capitulación de los valerosos habitantes de la serranía por parte de su obispo Centerio, el cual consigue que se respeten a los vencidos posesiones y religión a cambio de un tributo. La región queda a partir de entonces al mando de aquel capitán conocido como Albujarra. Para Irving este personaje es quien da el nombre de Alpujarra a la comarca, si bien esta afirmación no es sino una de las muchas hipótesis sobre su origen. Otros posibles significados que se manejan son “la tierra de pastos”, “la fortificada” o “la rencillosa”, que personalmente creemos más apropiados. No obstante afirma que algunos de los pobladores siguieron resistiendo por largo tiempo el someterse escondiéndose en los valles situados entre las cimas de las montañas. A medio camino entre la verdad y la leyenda nos ha dejado Washington Irving estos relatos de cómo las tierras granadinas pasaron a manos del Islam, terminando con una frase que la historia misma de la comarca, ejemplo de ello es la época morisca, ha cargado de razón: “la sierra de las Alpujarras ha sido siempre una de las regiones de Andalucía más difíciles de dominar”.



Al volver el rey de su nuevo castillo de Lecrín se encontró con que su ciudad se encontraba en batalla entre lo que apoyaban a Muley y los que defendían a Boabdil siendo este último el que saldría victorioso siendo el nuevo rey de Granada y haciendo emigrar a su padre Muley junto a Zoraya a su castillo recién construido. Pero poco tiempo estaría el rey aquí ya que algunos grandes señores de Baza y Almería le ofrecen su apoyo para reconquistar el trono arrebatado por su hijo Boabdil. Y de nuevo las calles de Granada se ensangrentaron por la lucha venciendo en esta ocasión los de Muley, Boabdil resignado se marcha a la frontera a luchar contra los cristianos donde es hecho prisionero en Lucena. Tras esto Granada volvió a vivir un pequeño tiempo de estabilidad en el que tuvo lugar el enlace oficial entre Muley Hacen y Zoraya donde la alhambra ofrecía el espectáculo mas grandioso que nunca pudo presentar siendo Aixa repudiada definitivamente.
Ocho años después de la muerte del monarca la situación del reino tanto interior como exterior había cambiado por completo. Boabdil consigue más apoyos tras la muerte de su padre y se alza poderoso en contra de El Zagal derrocandolo del trono en una lucha que duró tres años y debilitó en demasía el reino. Pero un enemigo más dispuesto amenazaba a la completa ruina del imperio de Alhamar. El atrevido reto que en su tiempo hiciera Muley Hacen iba produciendo su efecto y la cruz de Castilla avanzaba sin piedad hacia Granada hasta ser rendida. En las capitulaciones Boabdil se acordó de Zoraya y sus hijos para quienes se le reservó sus riquísimas posesiones. Zoraya volvió a adoptar la fé cristiana con su antiguo nombre Isabel, al igual que sus hijos tomando los apellidos de la ciudad que los vio nacer y siendo los ascendientes de una noble familia. Los dolorosos recuerdos del pasado hizo que Isabel tuviera que abandonar el castillo construido en el mismo paraíso y que tantos momentos de felicidad le había ofrecido en tiempos en el que era la misma sultana del Reino de Granada, muriendo al fin en un pequeño pueblo de Castilla. El castillo tras pasar por varias manos fue olvidado para que la acción del tiempo lo llevara a la ruina actual. 








Este largo periodo de estancia en nuestro país le permitió realizar diversos viajes por su geografía en los que pudo profundizar en la historia de los antiguos reinos castellanos. Su especial interés por la faceta musulmana de esta lo atrajo hacia el sur y junto a otras ciudades como Sevilla o Córdoba a la nuestra. Llega a Granada por primera vez en 1828 para pasar unos días, un año después regresará para pasar una larga temporada en la que se alojará en la misma Alhambra y que dará origen a sus célebres cuentos. Durante este tiempo investigará sobre el pasado de la ciudad en la biblioteca de la Universidad, pero también se mezclará con el pueblo para conocer las tradiciones locales que chocan sobremanera en la forma de ver las cosas de un cosmopolita del siglo XIX. Será también importante en su obra la relación con los “hijos de la Alhambra”, sus convecinos, de los que recoge las leyendas que luego narrará en la obra que inicialmente se llamó “La Alhambra: una seria de cuentos y leyendas de moros y españoles”, publicada por primera vez en ingles en 1832. Sus obligaciones diplomáticas interrumpen la estancia de Irving en la fortaleza roja, pero ello no impedirá que mantenga el contacto con Granada hasta su regreso a Norteamérica. En sucesivas entradas haremos un recorrido por la obra de Irving relacionada con Granada, especialmente en los cuentos de este ilustre visitante de nuestra ciudad.
Recomendado: Exposición “Washington Irving y la Alhambra. 150 Aniversario”, en la capilla y cripta del Palacio de Carlos V hasta el 28 de Febrero de 2010.



