viernes, 2 de noviembre de 2012

Los Túmulos de la Catedral y la Real Capilla de Granada

Paño de luto regio,1768. Catedral de Granada
A pesar de que la muerte iguala al grande y al chico, lo cierto es que hoy como ayer las exequias del difunto sí que distinguen de clases sociales. Desde antiguo, la importancia que en vida se tuvo se ha reflejado en entierros y sepulturas. Hacemos hoy especial hincapié en las fastuosas honras fúnebres que celebró Granada entre los siglos XVI y XIX por los reyes de España, y de las arquitecturas efímeras, túmulos o catafalcos, que las presidían.  

Paño de luto regio, 1768. Catedral de Granada
Los túmulos regios estaban destinados a exaltar la gloria del soberano fallecido y de la monarquía, simulando su presencia física. Estos se construían en el presbiterio o en el crucero de la iglesia principal de cada ciudad, llegaron a adquirir una monumentalidad tal que las celebraciones se posponían varios meses para su preparación. La noticia del óbito se recibía a través de una Real Cédula que ordenaba la celebración de “lutos, honras y otras demostraciones de dolor”. Eran los cabildos civil y eclesiástico de la ciudad los encargados de su organización, cobrándose impuestos extraordinarios para sufragarlas. 

Paño de luto regio, 1768. Catedral de Granada
La Granada Moderna celebró con gran suntuosidad estos actos consistentes en “pregones públicos en Bibarrambla y Plaza Nueva, seis meses de luto y nueve días de tañer fúnebre de campanas y de colocar luminarias en los edificios”. Las “parentaciones regias” duraban dos días, en la víspera parroquias y conventos acudían a rezar responsos. Durante toda la noche el túmulo en el que se colocaban los símbolos reales, corona y cetro, permanecía iluminado por multitud de luminarias para ser visitado por el pueblo. Al día siguiente se celebraba, con asistencia de las instituciones, la misa real de difuntos y el sermón fúnebre y posteriormente se incensaba y asperjaba el túmulo. 
Túmulo de Isabel de Borbón, 1644
Catedral, obra de Miguel Guerrero
Fue Granada la primera ciudad española en construir “túmulos a lo romano”, para el recibimiento en 1539 del féretro de Isabel de Portugal, esposa del Emperador Carlos I. Pedro Machuca diseñó un templete de planta cuadrada con cuatro columnas y entablamento dórico y baldaquino piramidal. Para los funerales del Emperador en 1558 fue Diego de Siloé el encargado de su construcción en tan solo veinte días. Una disputa entre el Cabildo Catedralicio y el Concejo harán que a partir de entonces celebren por separado las exequias, el primero en la Catedral y el segundo en la Real Capilla, siendo desde entonces dos los túmulos con que contó Granada.

Túmulo de Isabel de Borbón, 1644.
Capilla Real, Luis de Orejuela
Con el Barroco el catafalco alcanza sus mayores cotas de complejidad y monumentalidad. La arquitectura se completa con pinturas, esculturas, emblemas e intrincados jeroglíficos. Los más celebrados en el XVII fueron los construidos para Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV, en 1644. El levantado en la Catedral alcanzaba 32 metros de altura con tres cuerpos, el primero cuadrado de orden dórico en el que se simulaba la tumba regía, el segundo ochavado jónico decorado con lienzos de heroínas bíblicas y el último circular corintio con lienzos de las Virtudes rematado por cúpula esférica y el jarrón de azucenas. No se quedaba atrás el de la Capilla Real de dos cuerpos, el primero circular con columnas helicoidales contenía la tumba sostenida por águilas, en el segundo ochavado las esculturas de las Bienaventuranzas y profetas, coronado por cúpula, la granada y la figura de la Fe.

Túmulo de Felipe V, 1746, Catedral
Obra de Alfonso José del Castillo y Puerta
Con el XVIII llega a España el Rococó de la mano de la nueva dinastía reinante. Para los funerales de Felipe V, en 1746, se levantó un túmulo de 33 metros de alto, con dos cuerpos ochavados de retropilastras con estípites. En el primero aparecían las figuras de todos los reyes de España, símbolo de unión con los Austrias. En el segundo el llamado “Teatro de la Muerte”, un esqueleto hollando trofeos. En el de Fernando VI, en 1759, fue novedad la figura alegórica del “Ángel del Apocalipsis”. Con el Neoclásico desaparecen las grandes figuraciones, entonces el cabildo catedralicio construye un túmulo permanente con forma de pirámide escalonada en cuya cúspide se situaba la tumba. En 1768 encarga al bordador Alejandro del Rubio la confección de ricos paños negros para cubrirlo, estrenados para las honras por Carlos III. Hoy se conservan en el museo catedralicio. 

Túmulo de Carlos III, 1789 
Capilla Real, autor anónimo
Entrado el XIX desaparece el oficio de la Real Capilla, si bien comienzan a hacerse por particulares en otras iglesias. El ocaso llegará a la par que el del Antiguo Régimen, el monarca ya no lo es por mandato divino y el túmulo deja de representar su santidad. Si bien fueron las de Fernando VII las últimas exequias reales que se oficiaron en Granada, el túmulo no desaparecerá del todo hasta los primeros años del siglo XX. Una instantánea de José Martínez Rioboó del dedicado al papa León X, en 1904, nos permite conocer como fue este.

Para Saber más: recomendamos el trabajo titulado “Arquitectura efímera y exequias reales en Granada durante la edad moderna. La ritualización de la muerte como Instrumentum Regni” de José Policarpo Cruz Cabrera contenido en el libro “Memoria de Granada” que ya citamos en la anterior entrada y que nos ha servido de bibliografía. Del mismo modo en la web de la Catedral se pueden ampliar datos sobre los paños de luto regio. 
Como curiosidad: un eco lejano de aquellos catafalcos podemos visitar hoy en día en la Basílica de San Juan de Dios. Se monta todos los años el día 2 de Noviembre para la conmemoración de los Fieles Difuntos.

3 comentarios:

Santi dijo...

la forma extraordinaria mantiene viva en la liturgia católica el empleo de catafalcos.
varios ejemplos fotográficos pueden observarse en internet, incluso dentro de españa.

saludos.

Jack Builder dijo...

Y dentro de Granada. He completado la entrada con una fotografía tomada ayer del que montan los hermanos de San Juan de Dios.

Un saludo

Ignacio Szmolka dijo...

Desde 1938 y probablemente hasta el final del Franquismo también se levantaron túmulos en conmemoración de la muerte de José Antonio Primo de Rivera.En 1938, en la catedral, se levantó el mismo que aparece en la fotografía en honor de León X. Al año siguiente se erigió otro en las Angustias y a partir de ahí los funerales se celebraron en el Sagrario levantando catafalcos de menor envergadura. Este hecho se reprodujo a lo largo de toda la geografía española y dentro de nuestra provincia hay también constancia en localidades como Guadix y Baza. También se levantó otro túmulo en 1939 en el patio de los Escolapios con el mismo motivo. En la prensa de la época se pueden encontrar fotografías de los mismos.
Un saludo y ánimo con este blog tan interesante.