jueves, 25 de febrero de 2010

La Batalla de Martín González y el Cautiverio de Boabdil en Lucena y Porcuna



Durante el decenio que duró la guerra de Granada, uno de los acontecimientos que marcó el futuro del reino granadino fue la nefasta contienda emprendida por el rey Boabdil para tomar la ciudad de Lucena y que tuvo como consecuencia la captura del propio soberano por manos cristianas. Este real apresamiento, además de la gesta militar, fue un hecho de gran trascendencia que abrió el abanico de posibilidades para acciones posteriores, el rey en manos de los monarcas católicos es una gran oportunidad para el fin definitivo de la presencia musulmana en la península que bien supo utilizar el astuto Fernando el Católico.  


A comienzos del año 1483 un ejercito encabezado por el Marqués de Cádiz y otros nobles caballeros deciden, probablemente sin autorización superior, adentrase en la Ajarquia  malagueña (en árabe, axarquia es la parte oriental de una cora o región) aunque esta hueste cayó en una emboscada por los granadinos al mando del destronado Muley Hacen, que por entonces gobernaba la ciudad de Málaga, causando una sangrienta matanza de las tropas cristianas. Desde Granada, el rey Boabdil animado y a la vez envidioso de la victoria de su mayor oponente, su propio padre, decide,  pensando en la debilidad del enemigo, recuperar Lucena que había sido conquistada por Fernando III en 1240. Con la ayuda de su suegro, y alcaide de Loja,  Ibrahim Aliatar sale de Granada con un poderoso ejército, aunque en la misma salida de la ciudad, la surpestición vaticinaba el desastre de la empresa ya que el asta del estandarte que llevaban como insignia se quebró al toparse con el arco de la Puerta del Elvira. Así Boabdil y Aliatar junto a 1500 jinetes y más de 6000 infantes se plantaron el 20 de Abril de 1483 en las mismas puertas de Lucena que era defendida por el joven Alcaide de los Donceles Diego Fernández de Córdoba y por el alcaide de Lucena Hernando de Argote. Mientras algunas tropas islámicas  recorrían las cercanas poblaciones de Aguilar, Montilla, La Rambla, Santaella y Montalbán en busca de botines, el ejército al mando de Boabdil intenta atravesar las puertas de Lucena aunque es resistida heroicamente por los defensores. Neutralizado el ataque, el joven alcaide de los Donceles manda aviso a las poblaciones vecinas mediante las atalayas, del peligro que corre la ciudad de Lucena. Viendo Boabdil la resistencia lucentina y por el temor de un ataque de las poblaciones vecinas decide levantar el cerco justo cuando regresan las tropas que habían recorrido la campiña en busca de botines capitaneado por el abencerraje Ahmad ibn Sarriá. Este propuso hacer una capitulación al que los lucentinos aceptaron, aunque estos no querían otra cosa más que entretener a los granadinos mientras se acercaban  a Lucena las tropas del Conde de Cabra y otros alcaldes que acudieron a la llamada de socorro. Mientras el ejercito de Boabdil se retira lentamente hacia el camino de Granada, el alcaide de los Donceles y el Conde de Cabra que ya había hecho acto de presencia deciden salir en seguimiento del ejercito musulmán. Los granadinos, a las una de la tarde, paran para almorzar en el campo de Aras donde fueron avisados por medio de sus atalayas del seguimiento de las tropas cristianas. Viendo Boabdil las posibilidades de victoria mandó formar a sus ejércitos, al igual modo que los cristianos pararon su persecución y estando los dos ejércitos enfrentados se mandó la batalla. En un primer choque acometieron valerosamente los castellanos hacia los granadinos dejando a mas de 30 caballeros conocidos como la flor de la Casa de Granada muertos y otros tirados de sus apeos. El conde y el alcaide viendo la superioridad mandaron a los lanceros arrasar con toda vida musulmana y estos no tuvieron otra que huir con la mala suerte de dirigirse hacia un pequeño río llamado Pontón de Bindera donde la oportunidad del sitio encaminó la victoria hacia los cristianos dando muerte a los que no se rendían. Aliatar murió en la batalla y Boabdil intenta huir pero su caballo se quedó atascado en el fango de la ribera del arroyo Martín González que da nombre a la batalla. Escondido entre la espesura de la vegetación fue descubierto por el peón lucentino Martín Hurtado quien logro reducirlo mediante golpes de pica, acudieron varios soldados y quedaron asombrados por el aspecto lujoso que presentaba el enemigo. En efecto, iba Boabdil con marlota de brocado y terciopelo carmesí, en el puño la espada de esmalte grana, verde y oro, sobre un fondo de oro viejo con la divisa de los nazaries “Solo Dios es vencedor”. Al preguntarle que quien era para vestir esos ricos ropajes este contesto que era hijo de un noble caballero de Granada ocultando así su verdadera identidad. Al momento se presentó el Alcaide de los Donceles quien le puso una cinta roja en el cuello como signo de cautivo y lo mandó junto a otros prisioneros a los calabozos del Castillo del Moral de Lucena aún sin saber de lo importante de su captura. Tres días después de la victoria cristiana fueron llevados a los calabozos del castillo de Lucena más prisioneros que se habían escondido por los campos lucentinos y al ver a su rey despojado de sus atributos se postraron ante el llorando por  la maldición que ante ellos había caído, hecho este que asombró a los centinelas quienes tras interrogar al regio cautivo, este ya no pudo ocultarles su condición.

Campos de Lucena 

La consecuencia inmediata de este vencimiento y de la prisión  del Boabdil fue la recuperación del mando sobre el reino de Granada del viejo Muley Hacen. Los reyes Católicos al conocer el feliz acontecimiento ordenan que Boabdil sea trasladado al castillo de Porcuna, donde permanecerá varios meses hasta su liberación, dentro de un torreon de planta octogonal construido por la Orden de Calatrava entre los años 1411 y 1435, y que hoy se conoce como la Torre de Boabdil. Este, vencido y apresado por sus enemigos naturales, era una importante carta que los Reyes Católicos supieron mantener en reserva para jugarla a su debido tiempo. Tras varias entrevistas entre Boabdil y los monarcas católicos en la ciudad de Córdoba, es puesto en libertad el príncipe granadino con la condición de que se proclame vasallo a Castilla y por ende el pago de un tributo además de hacer la guerra a su padre Muley Hacen que en esos momento es el sultán de Granada, firmando con esto la sentencia de muerte del reino musulmán de Granada. Aquí juega un papel importante la madre de Boabdil, la sultana  Aixa quien propone los pactos con Isabel de Castilla con la intención de recuperar a su hijo y a que este luchara contra su padre para recuperar el trono de Granada.

Torre del Castillo del Moral de Lucena

Por caprichos de la historia podría ver Boabdil la villa de Arjona, cuna de Alhamar y semilla del linaje nazarita, desde su prisión en Porcuna que significaba el principio del fín de su dinastía. Las guerras civiles que acontecerían en Granada entre los partidarios de Boabdil y los de Muley debilitaron el reino haciendo mas factible la toma de Granada por la cruz, hecho que en menos de una década se hará realidad.
Torre de Boabdil en Porcuna

5 comentarios:

Alberto dijo...

Magnífico relato digno del medievo más novelesco. Muy agradecido y ánimo para que siga deleitándonos con estas historias.

Jack Builder dijo...

y además una propuesta para visitar los campos de Jaen y Córdoba y estos bellos pueblos y ciudades siguiendo las huellas de la historia.
Saludos

Anónimo dijo...

Los últimos moros fueron apresados en el "Pontón de Viudera" entre los términos de Rute e Iznajar, sobre el Genil en un paraje conocido como las huertas de la granja, tierras hoy inundadas por el embalse de Iznajar

guerrero del antifaz dijo...

¿participaron rambleños en la batalla y capturaron el pendon dos de ellos?

Jack Builder dijo...

Desconozco si así fue, toda información que pueda facilitarnos al respecto será agradecida. Por cierto, actualmente se esta exponiendo el traje que vestía Boabdil durante esa batalla en el Palacio de Carlos V en la exposición "Arte y culturas de Al-Andalus. El poder de la Alhambra"

Un saludo